1. Tres relatos sin sexo


    Fecha: 07/11/2022, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... mano, lo separaba de la ropa interior y del sexo de la chica.
    
    De repente el colectivo se agitó con violencia. El chofer no había visto un lomo de burro (una lomada) en mitad de la calle. La chica se despertó. Sintió que sus piernas apretaban algo. Miró hacia abajo, y descubrió que un brazo hurgaba en su pollera. Los labios vaginales eran tocados por una mano torpe.
    
    Vio la cara de pánico de Javier, que intentaba retirar la mano, sin poder hacerlo, porque ella la apretaba con sus muslos. Y entonces comenzó a gritar.
    
    El sofá del living
    
    Diego estaba recostado en el sofá del living. La tele encendida en volumen bajo. No había nada interesante para ver. Los periodistas no dejaban de hablar del coronavirus. Tenía la vista clavada en el techo, y tarareaba una canción que se le había pegado hacía muy poco.
    
    -¿Por qué no vas a tocarte a tu cuarto? Cochino. –Escuchó decir a una voz femenina.
    
    -No me estoy tocando, boba. –Se defendió Diego, no obstante, alejó la mano que estaba apoyada en su muslo, muy cerca del cierre del pantalón.
    
    Quien le habló era Carolina. A pesar de que ya era mediodía, recién se había levantado. Vestía una remera vieja y un short de gimnasia. Su pelo rubio estaba despeinado. En resumen, estaba hecha una crota. Pero con ese hermoso rostro ovalado, de grandes ojos azules, esa piel cobriza, y ese cuerpo exuberante que ya estaba terminando de desarrollarse, no necesitaba vestirse prolijamente, pues con cualquier prenda se veía bien.
    
    Carolina se ...
    ... tiró encima de Diego. Lo abrazó. Le dio un beso en el cuello, y se quedó en silencio, haciéndole cosquillas con su respiración. Diego rodeó su cintura con una mano, y con la otra le acarició el cabello.
    
    -Dormiste tarde ¿No? –Preguntó.
    
    -Recién a las cinco de la madrugada pude conciliar el sueño. –contestó Carolina. Le dio otro beso en el cuello. Se irguió, apenas, y ahora sus miradas quedaron a unos centímetros de distancia. –Ni siquiera encontré una serie buena para mirar.
    
    Diego masajeó la piel de Carolina, ahí, en el diminuto espacio desnudo que había entre la remera y el short, con las yemas de los dedos. Bajó, despacio, y sintió la corrugación del short, en la parte del elástico. Al ver que ella no daba señales de incomodidad, se aventuró unos milímetros más, sintiendo el inicio de la vertiginosa curva de las nalgas de Carolina. Ella, al sentir esos dedos en el límite de lo permitido y lo prohibido, abrió los ojos, comiéndose a Diego con su intensa mirada de cielo.
    
    -Hubieses ido a mi cuarto. Hace mucho que no dormimos juntos. –Dijo Diego, con cierta tristeza en su tono de voz.
    
    -Es cierto. –Murmuró ella. Apoyó su cabeza en el torso de él. Sintió los latidos del corazón. Le gustaba pensar que ese leve aceleramiento se debía a ella.
    
    Diego acarició su mejilla. Era exquisitamente suave. La recorrió arriba abajo, percibiendo también el prominente pómulo.
    
    -Quizás hoy vaya… -dijo ella. –A tu cuarto. Quizá hoy vaya a tu cuarto para ver alguna peli.
    
    -Te voy a ...