1. Autobiografía sexual (Parte 7): El acosador


    Fecha: 16/11/2022, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos

    ... dedos a mi boca y lo chupé por instinto de lo excitada que me puso su verga dentro de mí.
    
    Ricardo mantuvo constante una velocidad lenta al follarme para no causar mucho ruido, pero eso resultaba muy excitante para mí y se evidenció cuando alcé mis piernas y rodeé su cuello con mis pies. En esa posición intenté columpiarme de su cuello para introducirme más su verga e incrementar la velocidad. En ese momento ya estaba urgida de embestidas rápidas y duras, pero el problema era que fueran tan ruidosas que fueran a despertar a su compañera.
    
    Un rato después, Ricardo sacó su verga de mí, se sentó en el suelo, me pidió que me sentara en sus muslos con su polla dentro de mí y que no le diera sentones, sino que me moviera sin despegar mis glúteos de su pelvis.
    
    Fue tan rica esa idea llevada a cabo. Su garfio me estimuló tanto por dentro que me corrí hasta tres veces en esa posición, utilizando su mano para tapar mi boca y haciendo un esfuerzo de mi parte por no emitir un gemido.
    
    Ya llevábamos poco más de una hora cogiendo. Yo ya estaba muy temblorosa y algo agotada, pero Ricardo me pidió por último que folláramos de perrito y se lo cumplí. En esa posición tuve que ser yo quien se tapara la boca y por lo irresistible que era emitir algún gesto de disfrute me empiné tocando el suelo con mi rostro, aguantando gemir o gritar de lo sabroso que se sentía esa encorvada y gruesa verga entrando y saliendo despacio de mi vagina.
    
    Cuando menos me lo esperé, Ricardo sacó su pene de ...
    ... mí y me echó su semen en las nalgas. Mi deseo de mamársela se hizo presente y me volteé para quitarle las rebabas de leche de su verga con mi lengua y meterla toda en mi boca para terminar esa encantadora madrugada de sexo en mi celda.
    
    Ricardo salió como entró de mi celda, pero antes de que diera unos pasos, lo sujeté del pantalón. No obstante, no me esperé que su reacción fuera meter su mano por la reja y propinarme una cachetada.
    
    —No te quieras pasar de lista. Tú vas a cumplir con lo que te ordene y no saldrás de aquí así tan gratis —me susurró con tono de molestia.
    
    —Pero si yo solo quería llamarte para saber si me puedes prestar un poco de crema para la piel, es que siento muy irritadas mis nalgas por tanto coger en la tarde con los barrotes golpeándolas.
    
    Me impresionó su reacción por esa simple acción mía. Pensé que él creyó que lo sujeté del pantalón para quitarle la llave con la que entró a mi celda y yo, en realidad, solo quería crema para mi piel.
    
    Volví a dormir y desperté con la estruendosa voz de la oficial.
    
    —¡Despierte, señorita Padilla! Usted está libre de cargos. Han pagado su fianza y puede irse.
    
    No me creí esa noticia y ya estaba haciéndome a la idea de tener que soportar más días ahí encerrada y siendo sometida sexualmente por el galán de Ricardo. Hablando de él, cuando salí de mi celda no se encontraba porque estaba en la hora de su almuerzo y no pude despedirme de él.
    
    Nadie de los oficiales ni del ministerio público me informó quién ...