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La noche lluviosa con la tía Gloria (Parte 1)
Fecha: 28/11/2022, Categorías: Incesto Autor: donescrytor, Fuente: CuentoRelatos
Abrí los ojos. Por unos segundos se me había olvidado dónde me encontraba. Escuché el canto de varios pajaritos. Vi tenuemente la claridad de la luz matutina reflejarse en el cielo raso inmaculado. No, esta no era mi casa, ni mi alcoba. Entonces de golpe recordé lo que me había sucedido. Mire hacia mi lado derecho de la cama doble y advertí que el cuerpo de mi tía Gloria no estaba. ¿Despertó ya?, me pregunté. Me levanté a tientas, inseguro, sin saber a ciencia cierta que decir, como mirar, como reaccionar ante semejante evento sucedido. Sentía miedo, vergüenza, o tal vez un poco de las dos cosas. Fui entonces consciente de las tremendas ganas de orinar que tenía. Abrí la puerta y salí al pasillo iluminado por la luz que penetraba implacable por la ventana del patio. Intenté abrir la puerta del baño, pero estaba bloqueada. - Espera, no me demoro – Era la voz nítida de mi tía Gloria. A los pocos segundos ella salió del baño con su rostro fresco de haber recién tomado una ducha. - Buenos días - Buenos días tía. Apenas si tuve el coraje para mirarle su rostro. Estaba seria pero con aspecto reposado y tranquilo, como si nada hubiera sucedido. Entré al baño. Fue entonces cuando pude ver bien la única prenda de vestir que yo llevaba puesta. Era un short de algodón, color blanco con líneas horizontales de color lila que me quedaba ancho. No se ajustaba bien a mi cuerpo por supuesto. Estaba diseñado para un cuerpo femenino. Reí conmigo mismo. Saqué mi pene y un olor ...
... intenso a sexo manido brotó con fuerza. Descargué mi líquido retenido mientras observaba la intimidad de ese baño. Había calzones femeninos recién lavados colgados en una alambrada improvisada a manera de cortina en la ventanita angosta y alta, y una cortina plástica que cubría la zona de la ducha. Me lavé la cara, enjuagué mi boca con crema dental para disipar el mal aliento y miré mis ojos aún adormilados en el espejo. Salí de ese ambiente húmedo. Mi tía me llamó a la mesa. Había preparado café y también había dispuesto un plato con unos panecillos rellenos de queso. Ella se había puesto una bata larga y ancha de tela opaca que apenas si dejaba un poco al descubierto el escote por el que se asomaban el inicio de sus senos gordos y caídos. Me senté y le agradecí el desayuno sin saber bien cómo abordar una conversación o cómo reaccionar. Me sentí incómodo, cohibido. Respiré profundo a esperar que ella dijera algo. - Tu ropa ya te la puedes poner. Le puse un ventilador dedicado toda la noche y ya parece que se secó bastante, incluso el calzoncillo parece estar bastante seco. Menos mal que paró de llover. - Gracias tía. No sabe cuánto le agradezco toda esta hospitalidad, sino, me hubiese tocado esperar toda la noche bajo la lluvia hasta las cinco de la mañana a que se despachara el primer autobús. Ella iba a decir algo, pero sonó tu teléfono. No supe bien con quien tuvo que conversar un domingo relativamente temprano, pero parecía no poder postergar esa llamada, que ...