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Recuerdos de un viejo desfasado
Fecha: 15/12/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
Mi primer empleo lo conseguí nada más terminar los estudios en la Escuela de Peritos Industriales. Un amigo de mi padre, bien relacionado, me recomendó al gerente de una empresa de transportes con sede en Madrid y delegaciones en varias provincias. Estábamos a principios de la década de los sesenta y por aquel entonces la tecnología en el sector era bastante rudimentaria. En principio, aunque mi especialidad era la electricidad el puesto que me asignaron tenía un carácter más burocrático que técnico. Dado que mi contratación había sido fruto de una influencia tuve buen cuidado en no dejar traslucir mi decepción al verme encasillado como un mero auxiliar administrativo y me reserve la intención de buscar otra oportunidad más acorde con los méritos y los conocimientos que entonces yo creía tener. Fui agregado inicialmente a la Delegación de Barcelona donde me asignarían un destino concreto. Al presentarme en la Delegación, el Jefe de Personal, un sobrio y taciturno barcelonés, me informó que mi destino definitivo era un centro operativo de la provincia de Gerona Estaba ubicado en un pueblo del Bajo Ampurdán, bien comunicado por carretera y cercano al puerto marítimo más importante del la zona. Me pareció una población dinámica en la que se mezclaban una intensa actividad comercial e industrial con un creciente impulso del sector turístico propiciado por el atractivo de la Costa Brava, en plena expansión en aquellos años. La función que me asignaron en la ...
... empresa consistía en establecer un control contable de los gastos de los camiones que conformaban la flota, tanto propios como subarrendados. El trabajo era especialmente tedioso ya que se limitaba a confeccionar unos estadillos interminables que había que cuadrar y con sus totales completar los epígrafes correspondientes de la cuenta de resultados de cada unidad de producción. Mi primera impresión fue advertir que el coste de la vida era bastante superior al de Madrid, lo cual me causo cierta contrariedad al percatarme de que el salario con el que había sido contratado no era tan favorable como me había parecido en un principio. Busquér un alojamiento acorde con mis posibilidades y así encontré, en una pensión bastante modesta, una habitación con nulas comodidades en la que, además, tenía que compartir un aseo con otros huéspedes. Para comer y cenar descubrí una casa de comidas en las inmediaciones medianamente aceptable. Desde mi incorporación a la empresa detecté un ambiente de trabajo un tanto frío y poco comunicativo. Los compañeros, incluso los más jóvenes, eran muy reservados y, salvo unas mínimas frases de cortesía, apenas hacían comentarios que no fueran exclusivos del propio trabajo. Por otra parte, salvo raras excepciones, la comunicación habitual era en catalán, lengua que en aquellos momentos yo no hablaba y malentendía. Durante las primeras semanas me asaltaron dudas de si el haber aceptado el empleo no había sido un enorme error por mi parte. Un ...