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Recuerdos de un viejo desfasado
Fecha: 15/12/2022, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... día, al desplazarme desde la pensión a la empresa, leí una nota, en la valla de una vivienda a mitad de mi recorrido, en el que se anunciaba el alquiler de una habitación. La casa parecía grande y bien conservada y me causó buena impresión. Decidí informarme y llamé al timbre. Me abrió una señora de mediana edad, vestida totalmente de negro, a la que le pregunté por el anuncio. Me observó detenidamente durante varios segundos lo que me dejó un tanto descolocado. Me preguntó para cuanto tiempo la quería. La expliqué mi situación laboral aclarando que era imprevisible pero que suponía que mi estancia en el pueblo iba a ser larga. Se echó a un lado, hasta entonces me había tenido en la acera, y me hizo pasar. Atravesamos un pequeño jardín, que desde la calle no era visible y entramos en la casa. Directamente me llevó a la habitación en alquiler, que resultó ser un cuarto amplio, luminoso, bien amueblado y de una cuidada limpieza. Después, me enseño el cuarto de baño, que compartía con otra habitación, situada también en la planta baja, que ocupaba, según me dijo, un señor jubilado. El baño era completo y limpio y tenía un aspecto inmejorable Le comenté que me interesaba alquilarlo aunque dependería del precio porque mi sueldo era bastante limitado. Ella me dijo una cantidad que superaba ampliamente el importe de la pensión, lo que me dejó un tanto dudoso. Hice un cálculo mental aproximado y deduje que entre el alojamiento y las comidas no me iba a quedar ...
... apenas para ningún extra. Ella debió notar mis dudas y aclaró que en el precio se incluían el desayuno y el lavado de ropa. Tomé la decisión pensando que si finalmente me resultaba inasequible el gasto siempre podía volver a la pensión. Una vez le di la conformidad, la señora entró en una conversación más abierta, me enseño el resto de la planta baja, en la que estaba la cocina, un comedor y un cuarto de estar, cómodo y acogedor, que también estaba a disposición de los huéspedes. Sentados en ese cuarto me contó que era viuda desde hacía dos años, su marido, pescador, había muerto en un naufragio y ella, con un hijo que tenía cinco años, vivía de la pensión de viudedad y del producto del alquiler de los dos cuartos de la planta baja. El importe del seguro que había cobrado por la muerte de su marido no lo quería tocar para que su hijo pudiera estudiar. Después, me sometió a un interrogatorio completo. Le extrañaba que un madrileño hubiera ido tan lejos a trabajar. Le causó buena impresión que hubiera estudiado en la Universidad, aunque le aclaré que ser perito no era lo mismo que ingeniero. También me confió que el otro huesped, un maestro jubilado, era muy prudente y reservado, que se había quedado sordo y no molestaba en absoluto. Así pues quedamos en que el lunes siguiente me cambiaría de alojamiento A partir de entonces mi calidad de vida mejoró sensiblemente, tanto los muebles de la habitación, en donde había un sillón muy cómodo y una mesa espaciosa, como ...