-
Habilidad familiar
Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... arriba y abajo varias veces, coloca mi capullo en la entrada y me pide que empuje, tranquilamente, sin prisas, pero sin parar, sin detenerme. Tengo un momento de duda, de vacilación, por si no sé hacerlo bien, pero todo lo olvido desde el preciso instante en el que la meto en el chocho de Marisa. Joder, qué sensación más buena, que gratificante me resulta saber que se la tengo metida como un hombre hecho y derecho, notar la mojadura de sus líquidos vaginales —mucho más densos y oleosos de lo que yo pensaba— el calorcito del coño, la sensación algodonosa y, al mismo tiempo, de fuerza contenida que parece rodear toda mi polla… me gusta, es cojonudo. De manera instintiva me he puesto a empujar con un movimiento adelante y atrás, quizás demasiado rápido, porque la mujer me indica que tenga calma, que esté tranquilo, que deje que de manera natural llegue el ritmo que nos haga falta. Llevo ya varios minutos con un metisaca constante, rápido, pero no al límite de mis posibilidades. Marisa ha cruzado sus piernas por encima de mi culo y aprieta haciendo fuerza hacia abajo en cada momento en el que yo también empujo para llegar lo más profundamente que puedo. Me ha abrazado con ambos brazos sujetándome con fuerza, me habla al oído de manera deslavazada, incoherente, gime, jadea, cada vez con más fuerza… He ido aumentando el ritmo casi sin darme cuenta, así que ahora la follada es ya rápida, fuerte, profunda. La cama de madera cruje y suena como si se fuera a romper, el ...
... cabecero da golpes en la pared sonando como si fuera un tambor. He tardado en identificar un ruido seco, el producido por el entrechocar de nuestros pubis, y me gusta el ruido acuoso que mi polla produce en contacto con los líquidos sexuales de la mujer. Noto en los oídos el fluir a toda velocidad de mi sangre bombeada por el corazón… son tantas cosas nuevas. Me sobresalto cuando la mujer da un respingo, parece quedarse quieta por completo, con el cuerpo envarado, tieso, como si se le faltara la respiración. Me abraza con más fuerza y da un grito no muy alto, pero sí largo, ronco, sentido, profundo, que dura muchos segundos, durante los cuales noto como si mi polla recibiera suaves pellizcos dentro del coño, lo que provoca mi corrida. Es la primera vez que mi leche de hombre se derrama dentro de un coño. Joder, me gusta, cómo mola. Ha sido bueno, muy bueno, también un poco cansado, así que quedo de nuevo adormecido. —¿No le vas a dar un beso a tu madre por tu cumpleaños? ¿Ya solo te interesa la rubia tetona? Lena me ha despertado besándome, haciéndome cosquillas, revolviéndome el pelo, pellizcando mis tetas, dándome azotitos en el culo… montando una escandalera, tal y como me hace a menudo. Estoy desnudo, me da corte, así que me pongo unos calzoncillos, beso a mi madre, que me da un paquete conteniendo una caja con un ordenador personal de pequeño tamaño, de última generación, la oigo decir que me duche ya mismo porque huelo a coño —en ocasiones no es la mujer mejor ...