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Habilidad familiar
Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... ya estoy a tope, me noto la polla más tiesa y dura que en toda mi vida, y una especie de fuerza interior que nunca he sentido hasta ahora parece situada entre el final de mi espalda, el culo y los huevos, como si se estuviera preparando la erupción de la lava de un volcán. Por mi cabeza pasan imágenes de películas porno y de vídeos que veo a veces en el PC antes de hacerme una paja, pero nada se parece a estar con una mujer en vivo y en directo. —Mi hombretón va a gozar mucho, seguro Nada más decir esto, Marisa se dobla por la cintura y comienza a lamer mi rojo y tenso capullo. Qué sensación más maravillosa, cómo me gusta. Sí, es lo mejor que he probado hasta ahora, es algo único, esta sensación que une la suavidad ensalivada de la lamida con una leve aspereza de la lengua y el masajeo de los labios y la boca entera en el glande… no puedo aguantarme, me corro, joder, ahí van los chorros de mí semen. La mejor corrida de mi corta vida. ¡Qué gusto! Ya comprendo ahora la razón de que en francés se diga que un orgasmo es la petite mort, al terminar de eyacularme he quedado muy relajado, con un tremendo sopor, con un atontamiento que casi no me permite ver cómo Marisa sonríe y después se traga mi leche de hombre —la ha retenido durante más de un minuto en su boca, dándole vueltas con la lengua— como si fuera el mejor de los manjares. Me queda completamente claro que hacerse uno mismo una paja es bueno, muy gratificante, necesario a menudo, pero estar con una ...
... mujer… Me ha llevado de la mano al dormitorio, pues durante todo este tiempo hemos estado en el salón. Me he tumbado en la cama y ella se ha tumbado a mi lado, me ha dado un beso suave en los labios, de manera que he podido notar el sabor de mi propio semen. —No tenemos prisa, descansa un rato Despierto sobresaltado porque no sé muy bien dónde estoy ni el tiempo que ha pasado —menos de media hora— y porque tengo la sensación de que me he metido en la piscina del edificio. Marisa está arrodillada en la cama a la altura de mis rodillas, me está chupando la polla, que está otra vez en erección, y una de sus manos juguetea con mis testículos, apretando suavemente, mientras que la otra acaricia mi culo, jugando a subir y bajar por la raja y a pararse levemente a empujar en mi ano, como si me fuera a penetrar. —Ahora me vas a meter ese pollón que tienes y vas a follar como todo un hombre Tumbada en el centro de la cama, con las tetas desplazadas hacia los lados, las piernas muy abiertas, sonriente, expectante, la boca abierta, con una expresión que me parece similar a las de las mujeres que salen en los vídeos porno, Marisa no está especialmente guapa, pero sí tremendamente deseable, de una manera animal, salvaje. Me indica cómo colocarme con las piernas dentro de las suyas, me echo sobre ella posando mis brazos sobre la sábana para no descansar todo mi peso sobre su cuerpo, inmediatamente noto cómo me coge la polla con una de sus manos, la dirige hacia el coño, la restriega ...