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Habilidad familiar
Fecha: 30/12/2022, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... culo. Las primeras dudas y vacilaciones han desaparecido en cuanto he podido meterle el capullo, bien pringado de lubricante, al tercer o cuarto intento. Ya más tranquilo, he seguido empujando hacia adelante y un poco hacia arriba —tal y como es mi polla en erección, recta, levemente curvada hacia el final— hasta tenerla toda dentro, me he quedado completamente quieto unos instantes sintiendo mi pene suavemente aprisionado en el culo de Marisa, quien está muy excitada y me pide que la folle más deprisa. Lo hago, pero a mi ritmo, teniendo en cuenta mis ganas, mis sensaciones, recreándome en algo nuevo que me encanta. No sé aún si es o no muy distinto a follar por el coño, pero sí sé que me gusta, mucho, y cuando me corro poco después añado al gusto una sensación de poderío por mi parte, de satisfacción por lograr lo que tanto me ha gustado. Quizás no sepa explicarlo, pero desde luego sí sé lo que he sentido y lo muy satisfecho que estoy. No he hecho ningún caso de la mujer, ni tan siquiera me he dado cuenta de si se ha corrido, pero como me parece que no, miro su rostro congestionado, pienso que quizás debería masturbarse, lo que comienza a hacer inmediatamente, con mucho escándalo de jadeos y grititos, hasta que en apenas dos o tres minutos tiene un largo y profundo orgasmo, quedando dormida poco después. Son las once de la mañana del domingo. Marisa está dormida como un tronco, así que tras ducharme me marcho en silencio para mi piso. En el pasillo coincido con ...
... un hombre joven, alto, musculoso, bien vestido, que me da los buenos días y que, está claro, ha salido de la puerta en donde vivimos Lena y yo. Al entrar observo que hay una botella de champán vacía y dos copas sobre una mesa baja, y ropa interior sexy de mujer —sólo puede ser de mi madre— de color negro, desparramada por el suelo. Me asomo a su dormitorio sin decir nada. Lena está profundamente dormida en la desordenada cama, desnuda, sin tapar, despeinada, sudada, con aspecto de haber tenido mucho desgaste físico. Me quedo mirándola durante más tiempo del que probablemente sea preciso o decoroso. No es la primera vez que espío a mi madre intentando ver su cuerpo, pero sí es la vez primera que la veo completamente desnuda. Me parece que está muy buena, tanto como que mi polla parece querer despertar. No me atrevo a seguir mirando, me vienen algunas ideas a la cabeza que me asustan, en especial con esas grandes tetas que tiene. Bueno, no soy yo el único que puede tener sexo y gozar en esta familia de dos, pero me supone una sorpresa —no sé si desagradable, o quizás sea que me pongo celoso— saber que mi madre ha estado follando esta noche. Bajo a la calle a buscar un bar abierto para desayunar, y cuando vuelvo ya no están ni la botella ni las copas ni la ropa interior, Lena está en el cuarto de baño, cantando bajo la ducha tal y como es su costumbre. Nada digo acerca del hombre que he visto esta mañana, y ella, tampoco. Llevamos varios días en un apartado pequeño hotel ...