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Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (4)
Fecha: 08/01/2023, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... raro que le parecía, una pequeña corriente eléctrica le recorrió la espalda… le había gustado. —Yo igual me voy saliendo, que ya estoy muy arrugado —añadió el joven, con un leve cambio en su tono de voz. —Bien, ahora voy yo. Cuando Carmen se decidió a salir a los pocos minutos, observó a Sergio como se secaba a lo lejos junto al coche. De nuevo en sus ojos la imagen del cuerpo delgado con un leve toque moreno debido al sol del verano. Incluso su cabello se había clareado algo debido al sol, ahora daba la sensación de ser más castaño que de costumbre quizá con algún que otro reflejo rubio. Era un adolescente en toda regla, con las hormonas desatadas, no era tan extraño que perdiera la vista en el cuerpo de su tía, todavía era una mujer deseable. Por mucho que ambos fueran familia, seguían siendo un hombre y una mujer. Carmen sacudió su cabeza para dejar de pensar en ello “este niño es un canalla” se dijo así misma. Cogió el monedero que tenía al lado de la toalla y se dirigió a una pequeña tienda que más parecía un chiringuito de playa. Se detuvo a ojear la ropa que tenían expuesta mientras se secaba y decidió comprarse un pareo de cuerpo entero. La vuelta en el coche seguramente sería igual de calurosa y no le apetecía tomar de nuevo prestado el bañador de su sobrino. La tela era bastante mona, tenía varios colores y le llegaba hasta los muslos, perfecto para seguir en la carretera. Con su nueva compra, se fue acercando al coche, pero aminoró la marcha. ...
... Sergio seguía cambiándose y en un momento, sin querer, pudo ver su trasero desnudo. Se había terminado de secar y justo se iba a poner el calzoncillo. Un pequeño cosquilleo le recorrió la espalda al ver esa imagen, su sobrino estaba en ese preciso instante totalmente desnudo. Lo que había visto en el hotel ahora lo podía asegurar, parecía un cuerpo fibroso, sin músculos excesivos y el trasero… le pareció que eran dos nalgas duras como rocas. Se obligó en un momento a que sus ojos otearan cualquier otra cosa que no fuera su sobrino. ¿Cómo podía mirar aquel cuerpo desnudo de su sobrino? Por un momento se sintió culpable, como si estuviera viendo al mismo diablo y susurró “por favor…”. —Sobrino —le llamó mientras llegaba para avisar que estaba cerca— mira, ¿te gusta? —se giró un poco mientras el joven la observaba. —Te queda chulo, así vas a pasar mucho mejor el resto del viaje. Recogiendo todo y aireando un poco el coche, ambos se introdujeron en su interior para proseguir con el viaje. A los pocos minutos, llegaron de nuevo a la caravana que les recibía con los brazos abiertos, aunque con el frescor del baño todavía latente en sus pieles, la travesía sería mucho más agradable. —Bueno, de vuelta a la pelea —dijo Sergio. —Da igual, no hay prisa. —Quién lo diría, si cuando salimos de casa tenías unas ganas terribles de llegar. —Me lo estoy tomando con calma, ¿no te parece bien? —con una sonrisa en el rostro que parecía imborrable— ¿prefieres que sea la ...