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Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (4)
Fecha: 08/01/2023, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... tía agobiada? —Me parece fenomenal, yo tengo todo el tiempo del mundo. El pareo que Carmen se había comprobado, tenía unos cordeles en el escote a modo más de adorno que eficaces. Se podía aflojar o apretar según el caso, aunque no era necesario, la medida era la correcta para dejar algo a la imaginación y que el aire circulase. Sergio no pudo evitarlo, desde el pantano algo le picaba dentro del cuerpo. Había contemplado antes, por error o por curiosidad (tenía dudas de eso) a su tía en bañador. De nuevo en la caravana, con el coche parado y Carmen a su lado, la insana curiosidad volvió a su cuerpo. Con el rabillo del ojo podía ver los muslos al aire que su tía mostraba, pero no le era suficiente, quería otra cosa, una cosa que había visto en el agua. Fue una mirada rápida, volteó la cabeza disimulando mirar el salvaje monte que quedaba a su derecha, pero un ojo se dirigió al escote de Carmen. La silueta le pareció magnifica unos senos bien puestos y de buen tamaño, medida perfecta para su gusto, lástima que el canalillo solo dejara ver una pequeña parte del total. La mirada no pasó desapercibida. Carmen la sintió. Otra vez fue tan rápida que apenas vio los ojos del joven en movimiento, pero ese pequeño disimulo mirando el monte era demasiado descarado, era la segunda vez que miraba sus senos en una hora. Apretó sus piernas algo nerviosas, no sabía qué hacer. Por su mente fluyeron varias opciones, decirle algo, enfadarse, dejarlo pasar… no había tenido ...
... hijos, no sabía que era lo adecuado en esa situación. No entendía muy bien como era un adolescente masculino, aunque por otro lado, una pregunta, más que ninguna otra, resonó en su cabeza ¿en verdad le había molestado? Sus piernas siguieron de forma inconsciente apretándose más y más, ¿Por qué se sentía tan… tan… bien? ¿Qué estaba pasando? Nunca se había sentido tan descolocada. Recapacitó sobre las miradas, sería algo inocente, algo que un chico haría casi por instinto, aunque Sergio ya no era un niño, era un hombre. Aquello volvió a sonar en su mente como un grito desesperado por hacerse escuchar, UN HOMBRE. Su cabeza le decía que era coincidencia, casualidad, nada más, incluso quizá un error suyo de apreciación. Sin embargo, en sus fueros más internos, algo le dijo que no, que le había mirado con la intención de escrutar su fisionomía. De pronto sintió algo, una sensación nacida de su vientre, o quizá algo más abajo. Como si un interruptor volviera a ser pulsado, una llama, no más grande que la de una cerilla nacía en su interior. Con el calor insoportable que seguía azotando sin piedad, su siguiente movimiento parecería de lo más habitual y se concienció en que no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo Sergio. Llevó su mano hasta los cordeles y tiró de estos haciendo que la tela se separase. Sus manos actuaron solas, el escote se abrió demasiado, la vergüenza de antes volvió a aparecer y se preguntó “¿Qué estoy haciendo?”. Podría volver a apretarlos con ...