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Incesto a medianoche e incesto el día de su boda
Fecha: 15/01/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Marcos y yo hacía muchos años que no veíamos a Jesús. Estábamos sentados en tres sofás en la sala de estar de la casa de Marcos. Su esposa estaba trabajando. Su suegra, antes de regresar a su casa, puso sobre una mesa camilla que teníamos delante una cafetera, el azucarero con una cucharilla, tres tazas, tres copas y una botella de aguardiente de hierbas. Jesús, al ver cómo la suegra le había sonreído a Marcos se diera cuenta de algo que yo ya sabía, que se la tiraba. Al irse Tamara, le dijo: -¿Cuánto tiempo llevas follando a tu suegra. Marcos? Marcos se hizo el ofendido. -¡Qué dices! -Que no vais a ser felices y comer perdices, pero follar con ella, follas. Por lo menos tú no corres el riesgo de prendarte de ella. Marcos, le preguntó: -¿De quién te prendaste, Juan? -De alguien que no debía y lo pasé muy mal porque ella quería a su marido. -Suele pasar muy a menudo. -Con una hija, no. Había soltado la bomba sin pestañear. Yo me quedé tan silencioso cómo un muerto, pero Marcos era cotilla por naturaleza, y le preguntó: -¡¿Te follaste a una de tus hijas?! -asintió con la cabeza-. Cuenta cómo empezó todo. -¡Ni harto de aguardiente! Harto, no, pero después de hablar de otras cosas y de mandar unas cuantas copas, volvió a salir el tema y se le soltó la lengua. Lo contó más o menos así: -Alicia, mi hija, tenía de 24 años, era alta, rubia, con el cabello largo, de ojos color avellana y con un cuerpo de pecado. Se había casado con un abogado ...
... muy rico, 20 años mayor que ella. Se podría decir que Alicia vivía en el País de las Maravillas. Él estaba de viaje de negocios y ella pasaba esos días en casa. Eran las doce de la noche de un viernes del mes de agosto. Al pasar por delante de su habitación camino a la mía vi que estaba en pijama sobre la cama, con su largo cabello suelto, sentada, con las piernas cruzadas al más puro estilo indio y leyendo un libro. Pasé de largo, y me llamó. -¡Papá! -Me di la vuelta, y desde el umbral de la puerta la miré y le respondí: Dime, Alicia. -¿Leíste el Kama Sutra? -No, ni ganas tengo de leerlo. -Yo lo estoy leyendo, pero aquí hay unas posturas que son para romperse el espinazo. Ven, mira, mira. -Fui a su lado. Nada más cruzar la puerta me llegó un aroma a jazmín que invitaba a cometer locuras. Me senté en el borde de la cama. Alicia me enseñó un dibujo en el que una chica estaba con el culo hacia arriba haciendo un puente y en la que el chico le comía el culo. A ver, tonto no soy. Mi esposa dormía en la casa de mi otra hija. El marido de Lucía estaba en Barcelona. Si me llamara no había sido para enseñarme fotos, y esto lo corroboré cuando pasó unas páginas y me dijo: -Esta ya es otra cosa. -En este dibujo se veía al chico sentado en una silla y a la chica dándole la espalda y sentada sobre su polla. Pasó unas páginas más y me enseñó otro dibujo. -O esta. Está me gusta mucho. -Era una posición en la que el chico con las piernas de la chica sobre sus ...