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Aprendiendo a follar a su sobrina
Fecha: 26/01/2023, Categorías: Incesto Autor: Kiko, Fuente: CuentoRelatos
... follada. Un dedo se metió dentro de su coño al tiempo que le decía: -¿Quieres correrte aquí y ahora? -Quiero. Le bajó el short, le abrió las pequeñas, duras y redondas nalgas y se le lamió y le folló el culo a conciencia. Tan bien le trabajó el ojete y las nalgas que le llegaban a los tobillos los jugos que salían de su coño. Marisa había perdido la cuenta de las veces que le diera la vuelta a las costillas de vaca cuando su tío le dio la vuelta y fue a por su coño, coño que al estar rasurado desapareció totalmente dentro de su boca. Basilio metió su lengua dentro de la vagina, le metió el dedo medio de la mano derecha dentro del culo, después lamió su clítoris... Y follando su culo y haciendo círculos con la lengua sobre su clítoris, sintió como le decía: -¡Tú sí que sabes, tío, tú sí que sabes. ¡¡Me corro!! Se corrió copiosamente en la boca de su tío, Nunca había tomado Basilio un vermú tan rico antes de comer. Al acabar de correrse le subió el short, y le dijo: -Voy a lavar las manos y a coger dos platos y el vino. Vete sacando el churrasco para la fuente. Marisa le miró para la entrepierna y vio un tremendo bulto, y le dijo: -¿Con ese empalme que llevas eres capaz de esperar? -Las cosas ricas, cuanto más tarde se tengan, mejor saben. En el jardín trasero había una mesa con cuatro sillas y allí iban a comer. Poco después comiendo el churrasco con las manos, le preguntó Marisa: -¿Esperabas que viniera? -Sí, lo que no sabía era ...
... cuando. -Conoces bien a las mujeres. -Nunca se conocen del todo. -¿Me vas a dar más sexo oral? -Todo el que quieras. -Mucho, quiero mucho, quiero correrme hasta que no puedas más. Las tetas de Marisa tenían los pezones gordos y pequeñas las areolas rosadas. Basilio, en su cama, lamía los pezones y la besaba, chupaba las tetas y la besaba, lamía las areolas y la besaba, chupaba las tetas y la besaba... Hacía esto mientras dos de sus dedos acariciaba suavemente su clítoris, se mojaban en sus jugos y lo volvían a acariciar... Marisa gemía sin parar, se retorcía, levantaba la pelvis. Después de más de quince minutos de juegos, Basilio le preguntó: -¿Quieres correrte? -Aún no, sigue. Siguió un rato... Cuando ya los gemidos de Marisa eran escandalosos, dejó de acariciarle el clítoris y le puso dos dedos en la entrada de la vagina. Marisa le cogió la mano y le metió los dos dedos dentro. Movió la pelvis alrededor y retorciéndose, se corrió copiosamente de nuevo. Al acabar, le dijo: -¡Dios mío, que gusto sentí! ¿Y tú? Veo que sigues empalmado. -¿Tomas precauciones? -Sí, puedes correrte dentro. -Entonces acabaré llenándote el coño de leche, no te preocupes por mí. -¿Y si me lo llenas ahora? -Cada cosa tiene su momento. Basilio acarició, besó y lamió el interior de sus muslos. Lamió los pliegues donde sus piernas se unían a su coño. Metió la lengua entre sus labios para abrir el coño y la movió hacia arriba y hacia abajo muy lentamente. ...