1. Autobiografía sexual (Parte 4): La casa de los Romanin


    Fecha: 18/02/2023, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos

    ... duro y hacía que mi cabello le tapara el rostro para que su padre no le viera.
    
    No obstante, pocos segundos después, Gustavo me aventó con fuerza hacia atrás y se volteó para eyacular a mares sobre la cama. Los aplausos del señor Romanin se dejaron escuchar.
    
    —Muy bien, hijo. Te felicito. Procura no aventar a las chicas cuando te vayas a correr, hazlo dentro de ellas o avísales para que te pongan enfrente la boca o las tetas. Ve a tu cuarto, tengo que platicar con Lorena.
    
    Gustavo abandonó la recámara y el señor Romanin seguía caliente. Se acostó y me pidió con voz delicada que me subiera en él, pero yo me rehusé y me le quedé viendo con cara de decepción.
    
    —No me obligues a tener que masturbarme hasta venirme —dijo queriendo convencerme.
    
    —Usted mastúrbese, yo no lo voy a complacer.
    
    Con la intención de salirme de la cama, el señor Romanin me jaló con fuerza de un brazo, lastimándolo. Yo no puse resistencia, porque pensé que me quebraría el brazo. Entonces, él se hincó en la cama, me puso a su gusto en cuatro y me penetró sosteniéndome de los dos brazos. Era la primera vez que sentía que me cogían sin mi consentimiento, o como se dice legalmente, me violaban. Sin embargo, guardé la calma y lo sobrellevé.
    
    —Aquí se hace lo que yo diga, ¿entendido?
    
    —De acuerdo.
    
    —Ahora gime, pero despacio porque mi hijo tiene que dormir.
    
    Sentí que ya había pasado más de media hora en esa posición y el viejo aún no se corría. Fue entonces cuando se agotó y me pidió darle ...
    ... brincos con su verga enterrada en mi vagina y así lo hice, pero de espaldas y con rapidez para que se viniera lo más pronto posible. Por suerte, lo logré en cinco minutos y se chorreó en mi boca porque así lo quiso. Mientras me vestía, el señor Romanin no dejó pasar por alto algunas observaciones.
    
    —No quería decirte la verdad de porqué las otras sirvientas renunciaban. Pero, sin duda, tú fuiste suficientemente sumisa y estoy dispuesto a triplicar tu sueldo si permites que esto suceda cada que se me dé la oportunidad. Consúltalo con tu almohada, ¿de acuerdo?
    
    Callé, pero el viejo no tardó en volver a hablar.
    
    —Además, si consigues que a mi hijo se le quite lo gay, te heredo el 30% de mis bienes. Considéralo.
    
    Salí de su presencia y me fui a dar un baño. Durante la ducha, estuve recapacitando acerca de la malicia de mi parte en todo ese rato con Gustavo. Me estaba sintiendo mal por aprovecharme de mi nuevo amigo, él no quería hacer eso y lo obligaron.
    
    Fui a dormir y al día siguiente, el señor Romanin volvió a desaparecer del radar. Cayó la noche y Gustavo llegó a casa, cabizbajo y sin ganas de hablar conmigo. Sin embargo, pasaron los días y retomamos tanto la amistad como la conversación.
    
    —A ti te gustó lo que pasó esa noche, ¿verdad? —cambió repentinamente la plática que teníamos.
    
    —¿Por qué lo preguntas?
    
    —Por tu sumisión y tu ayuda. Las otras sirvientas se negaban aunque luego eran golpeadas por mi padre.
    
    —Para qué te voy a mentir. Soy una ninfómana de ...
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