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Me masturbo leyendo un libro y me pillan
Fecha: 25/02/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: alysson, Fuente: CuentoRelatos
Los relámpagos amenazaban lluvia y la tormenta era inminente. Claudia estaba sentada en el chaise longe marrón del amplio salón. Con decoración minimalista, pero de gustos caros, de primera impresión, se sabía la clase social a la que pertenecían los dueños de aquel chalet de la sierra madrileña. Era una mujer que rozaba casi los cuarenta, pero se mantenía en forma. Su cuerpo tonificado por las clases semanales de Pilates le formaban una cintura delgada y un culo prieto. De unos años para atrás se obsesionó con mantener su juventud, usando cremas faciales, corporales y aceites. Le gustaba untarse el aceite de coco después de la ducha y recrearse con su piel. Fantaseaba con que algún hombre le acariciara los lunares de sus piernas despacio, se recreara en ellos y se los besara. Un rastro de lunares que ascendían con intermitencia desde su tobillo, hasta su entre pierna, para acabar justo al lado de sus labios mayores. Claudia estaba casada con un alto ejecutivo de la industria automovilística, el matrimonio tuvo un hijo. Criado en los mejores y más caros colegios de la zona residencial de Madrid. Se dedicó en exclusiva a criarlo dejando de forma puntual su carrera como agente inmobiliaria. Pasaron los años, el niño ya era un hombre, y llegó el tiempo de ir a la universidad. Eligieron una universidad de estudios avanzados de economía en Irlanda. Allí se fue el chaval a cursar su carrera durante los próximos cinco años. Ahora Claudia se dedicaba a su bienestar y la ...
... gestión de las propiedades de la familia. Su marido estaría de congreso del automóvil en Frankfürt todo el fin de semana, así que Claudia disponía de tiempo para estar sola y disfrutar de un tiempo de ocio. Se preparó un buen almuerzo de salmón y ensalada y una copa de vino blanco. Hizo algo de ejercicio de cardio en la bici estática y se dio una ducha para quitarse el sudor. Como cada día, se deleitó extendiendo el aceite de coco sobre sus manos, sus muslos y sus pequeños pechos que se mantenían suaves y tersos. El tiempo que le quedaba de tarde lo pasaría sentada en su chaise longe marrón leyendo, con el acompañamiento de la tormenta. Con ansia abrió el libro, de título “Pasión en el Caribe”, donde una mujer viuda se enamoraba de un joven moreno que trabajaba en el hotel donde se hospedaba. A Claudia le excitaba leer novelas eróticas, mantenía su llama interior. Empezó el segundo capítulo que estaba leyendo. “La pareja salió del ascensor y de la mano caminaron por el pasillo del hotel. Anne le acarició con la yema de los dedos la piel morena, desde su muñeca hasta el brazo. Pablo era un cubano fornido y musculado, piel oscura, pelo rizado y amplia sonrisa blanca. Un joven dotado para el baile y para el sexo. Anne había descubierto lo primero, fue su profesor de salsa los días anteriores en las actividades del hotel. Ahora quería averiguar lo segundo. Si follaba tan bien como bailaba, la llevaría al séptimo cielo. Pablo le besó el cuello con sus gruesos labios y le pasó la ...