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Doña Eugenia y su hija (Partes 1 y 2)
Fecha: 06/03/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: alirongo, Fuente: CuentoRelatos
Esta es una historia que comenzó hace unos cuantos años, pero que todavía continúa hasta que el cuerpo aguante. Soy una persona divorciada, 50 años, con un buen trabajo, 1,70 de estatura, complexión fuerte y con muchas ganas de follar. Todo comenzó cuando la vecina de arriba Doña Eugenia quedó viuda, era una buena hembra y siempre me había llamado la atención, unos pechos abundantes y un buen culo, sus 65 años los llevaba muy bien, alguna paja ya me había dado pensando en ella, pero nuestra relación era solamente de buenos vecinos. A los pocos meses de la muerte de su marido, tuvo un problema con las cañerías de su casa y el agua pasaba hasta mi casa, así que subí para ver cuál era el problema, la señora está nerviosa porque no sabía qué hacer y se lamentaba de los problemas que me estaba causando, iba con una bata con un buen escote y enseguida mis ojos se fueron a semejantes monumentos, casi no escuchaba sus lamentos solo me imaginaba en comerme esas tetazas una y otra vez, cuando volví en si la abrace tiernamente y le dije que no se preocupara que yo me encargaba de todo, desde allí mismo llame al seguro de la casa y ellos se encargarían de todo. Me lo agradeció mucho y ya más tranquilos me invitó a tomar un refresco y comenzó a contarme su vida, que si sus hijas no la visitaban, que se encontraba muy sola, que ya era muy vieja. A lo que le contesté que de vieja nada que estaba muy bien y siempre que me necesitara que solo tenía que llamarme, cosa que hizo que ...
... se le iluminara la cara y que me diera un buen abrazo, y noté como sus pezones de habían puesto duros y mi pija de comenzaba a empinar, pero por ese día ya tuvimos bastante. Nada más bajar a casa ya comencé a idear que esa hembra tenía que ser mía, comencé por hacer el encontradizo con ella, y cada día la notaba más contenta, me llamaba con frecuencia con cualquier excusa y cada vez con más familiaridad nos tuteamos y yo más efusivo, le encantaba que le dijera lo bonita que estaba. Llegó su cumpleaños que me había anunciado con antelación y me invitó a subir. Allí estaban sus hijas y sus nietas, ellas me agradecieron las atenciones que tenía con su madre. Eugenia estaba preciosa con vestido ajustado que le resaltaba sus lindas tetas y su hermoso culo, yo todo contenido porque estaba para comérsela aguante como pude. Cuando ya se hizo tarde bajé para mi casa más caliente que un mono, me despedí de sus hijas las que de nuevo me agradecieron y me pidieron que cuidara de su madre, cosa que en mi mente lo tenía muy claro. Desde mi ventana vi que se iban, puse en marcha todo mi plan. Le había comprado un ramo de rosas rojas que sabían que le gustaban y subí de nuevo. Eugenia se llevó una sorpresa cuando me vio de nuevo y más aún cuando vio el ramo de rosas, no sabía qué hacer ni que decir, yo aproveché para abrazarla bien fuerte e intentar darle un beso en la boca, cosa que rechazó nerviosa. —Lo siento —me dijo suavemente— ya sabes que soy muy religiosa y el sexo es ...