1. Incesto en el monte (un incesto diferente)


    Fecha: 10/03/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... mala pasada, pero le dijo:
    
    -Contigo voy hasta el fin del mundo.
    
    Caminaron en silencio hasta llegar al monte. Allí se sentía aullar a los lobos, cantar a los búhos, a las lechuzas, al chotacabras, el ensordecedor ruido que hacían los grillos y las cigarras, que callaban al sentir pasos y luego seguían con el alboroto. Aquello acojonaba una cosa mala, pero Eugenio, envalentonado con el alcohol, no les prestaba atención. Cogió a Adela por la cintura, y le dijo:
    
    -Voy a saber si eres un sueño.
    
    La besó con dulzura, sin lengua, siguió y la besó con lengua. Era el primer beso de Adela. Las piernas le temblaron, dejó caer la escopeta y rodeó el cuello de Eugenio con sus brazos. Por primeras vez el coño y el culo se le estaban abriendo y cerrando al mismo tiempo. En ese momento dejó de oír a los grillos, a las cigarras, a los búhos, a las lechuzas, al chotacabras. El mundo se detuvo por un instante, un instante mágico. Después, le dijo:
    
    -Te quiero, Eugenio.
    
    A Eugenio le pasara media borrachera. Le respondió:
    
    -Y yo a ti te adoro, cariño.
    
    Unos diez minutos más tarde llegaban a una cabaña de troncos de pino donde se refugiaban los cazadores de las tormentas y donde se refugiara Adela más de una vez y que estaba a oscuras. Adela quitó de entre las tetas una caja de cerillas y encendió con una de ellas la vela blanca que había en una tabla que sobresalía entre dos troncos de la pared, luego se sentó en el catre, apoyó la escopeta en la pared, y le dijo:
    
    -¿Y ...
    ... ahora qué? ¡Si se enteran que nos queremos nos matan!
    
    Eugenio cerró la puerta de la cabaña, se sentó a su lado, y le dijo:
    
    -Vente conmigo para Suiza. Allí hay trabajo para los dos.
    
    -Si no hay más remedio iré, pero voy a echar mucho de menos mi tierra.
    
    -Hay otro modo.
    
    -¿Cuál?
    
    -Hacerles frente.
    
    -¡Estás loco! Mi padre te metería dos tiros y después de muerto te escupiría en la cara.
    
    -Si estuvieras embarazada se lo pensaría dos veces.
    
    -Pero no estoy embarazada -lo miro y se levantó.- ¡Ah, nooo! De eso nada, eso se hace después de casados.
    
    La cogió por la cintura e hizo que se sentara de nuevo. La besó largamente. Adela humedeció las bragas y cambió de opinión:
    
    -Está bien, pero me haces el hijo vestida. Me aparto las bragas para un lado, y... ¡Chas!
    
    Eugenio jamás oyera aquella expresión.
    
    -¿Chas?
    
    -Si, ¡chas! Ya sabes.
    
    Eugenio le dio un beso, le pasó el dorso de una mano por una trenza y le dijo:
    
    -A ver, Adela, el amor no se hace así.
    
    -¡¿No?!
    
    -No, hacer el amor necesita de ternura, de caricias...
    
    -Vale -echó las tetas hacia delante-, méteme mano.
    
    -Que no es así, cariño. Cuando dos personas hacen el amor no lo hacen estando vestidos.
    
    -Vale, si tengo que desnudarme, me desnudo, pero -se puso pensativa-. ¿Y si no te gusto desnuda?
    
    -No digas tonterías. La echó hacia atrás en el catre y entre beso y beso se desudó y la desnudó. Bajo el viejo vestido se encontró con un espectacular cuerpo de mujer. Adela tenía las tetas cómo ...
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