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Incesto en el monte (un incesto diferente)
Fecha: 10/03/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... sandías, con areolas marrones y pezones gorditos, Eugenio las amasó y las chupó con delicadeza, como si fueran de cristal, y duros cómo el cristal se le pusieron los pezones... Su ombligo metido hacia dentro guardaba algo de pelusilla que sacó con un dedo antes de meter la lengua en él. Siguió bajando... Adela, al sentir el aliento de Eugenio en su coño, le puso una mano en la frente, lo apartó, y le preguntó: -¿Qué vas a hacer, Eugenio? -Darte sexo oral. -¡¿Vas a pasar tu lengua por mi coño?! -Voy. -¡Estás loco! ¡¡Ni los cerdos hacen eso!! Eugenio apretó su lengua contra el clítoris y lamió de abajo arriba varias veces, después le preguntó. -¿Te gusta? -Calla. La mano que Adela tenía sobre su frente se la puso en el cogote y le llevó la cabeza al coño, un coño rodeado por una pequeña mata de pelo negro. Eugenio lo lamió y su lengua se encontró con unos jugos espesos que le supieron a gloria bendita. Comenzó a comerle todo el coño al tiempo que acariciaba sus tetas y sus pezones. Adela, gimiendo, dijo: -¡Ay, Dios que me corro! Eugenio se sorprendió. -¡¿Ya?! Eugenia le puso la mano en la nuca, volvió a llevar la lengua al coño, y levantando la pelvis, exclamó: -¡¡¡Ya!!! De su coño comenzaron a salir jugos espesos, y mientras se retorcía con el gusto que sentía, Eugenio, se fue tragando la corrida. Acabó y acariciando su cabello, le dijo: -En mi vida me había corrido tan bien. -¿Quieres correrte otra vez, ...
... cielo? -¿Lamiendo mi coño? -Sí. -Por mi me corro las veces que quieras. ¿Pero y el hijo? Así no lo hacemos. Bueno, también lo podemos hacer otro día, ¿no? -Pues sí. Adela, que tenía las piernas abiertas y las rodillas flexionadas, le echó la mano a la nuca y le volvió a llevar la boca a su coño. Eugenio volvió a lamer su coño, su clítoris... Metió la puntita de la lengua en su vagina y los gemidos subieron de intensidad. Le levantó el culo con las dos manos y le lamió el ojete. A Adela no le gustó. -¡No hagas eso, guarro! Le metió la punta de la lengua dentro del ojete y desde él subió lamiendo hasta el clítoris. Después de hacerlo varias veces, le dijo Adela: -¡Qué cochino eres! -¿Te gusta que seas cochino? ¿Te gusta que juegue con mi lengua en tu culo? -Me da vergüenza decirlo. Sin decirle nada se lo había dicho todo. Poco después, Adela, ya cambiara de opinión. Quería ir a por el hijo: -Dicen que los hijos se hacen cuando un hombre y una mujer se corren juntos y yo me voy a correr otra vez. Eugenio dejó de comerle el coño y le frotó la polla en la entrada de la vagina, Adela, en nada, le dijo: -¡Me voy a correr, me voy a correr! ¡¡Mete, mete!! Eugenio le metió el glande, la desvirgó y sin más comenzó a correrse. Adela, mientras la polla iba entrando agarraba la manta, elevaba la pelvis y gemía de placer y de dolor. Era una mezcla de sonidos que Eugenio nunca antes había oído. Al acabar de correrse quedó encima de ella con la polla dentro del ...