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El verano, mi prima y la pasión
Fecha: 11/03/2023, Categorías: Incesto Autor: Escriba, Fuente: CuentoRelatos
Era una de esas estúpidas tardes de verano en las que el calor y el aturdimiento del televisor te dejan traspuesto en la sobremesa. Toda la familia –mis abuelos, mis padres, mis tíos y los primos– se había ido marchando a sus camas a echar una cabezada o a la piscina a darse un chapuzón, hasta que en salón solo quedamos mi prima Míriam y yo. Debo aclarar que yo tenía un sueño atroz, como todo el mundo, pero casi nunca tengo oportunidad de hablar con mi prima, pues durante el curso tengo las tardes y los fines de semana cogidos con los entrenamientos y los partidos, mientras que Míriam estudia en un centro privado en las afueras, solo para chicas, obviamente religioso. Pero ojo, que mi prima no es ni mucho menos una de esas niñas timoratas que le tienen miedo a todo y ni siquiera abren la boca por no molestar. Muy por el contrario, es una chica divertidísima, que le encanta la música y que te habla de todo lo que te puedas imaginar. Lo del colegio es culpa de su padre, mi tío, que es un poquito gilipollas y no quiere que Míriam crezca y se haga independiente. Para seros sinceros, debo deciros que mi interés por quedarme con ella no era solamente por saber cómo le iba, sino también por saber cómo nos iba a nosotros, pues el año pasado, al final del verano, nos despedimos con un besazo de esos de película y un abrazo que parece durar toda la vida y en los que parece que os vais a fundir en una sola persona. El beso fue más cosa suya que mía, eso es verdad, porque a mí me ...
... cogió de improviso, pero yo me había pasado todo el curso pensando en el sabor de su boca –¡a menta!– y la caricia de su lengua contra la mía, y aunque nos habíamos escrito algunas cartas –el maldito instituto no permite móviles, vaya tela–, estas habían sido más bien en clave, porque lo mismo allí les da por revisarlas y menuda se montaba si la monja de turno descubría una carta diciéndole a una de las alumnas todas las cochinadas que soñaba con hacer con ella. Así que nos habíamos intercambiado una serie de cartas muy correctas, en las que decíamos que nos echábamos de menos y que teníamos ganas de vernos, pero de una forma tan general que yo ya no sabía si ella aún sentía lo mismo. Pero por alguna razón, en lugar de ser directo, empecé a hablar con ella de tonterías sin importancia. Quizá fuera porque tenía miedo de que se riera de mis pretensiones de retomar lo que fuera que habíamos dejado a medias, aunque a mí me gusta pensar que soy un caballero y no iba a sacarle el tema a la desesperada. La cosa es que hablamos un buen rato, pero el calor cada vez me tenía más aturdido y los ojos se me entornaban sin yo quererlo, hasta que en un momento debí de quedarme dormido mientras ella me hablaba. Cuando desperté apenas había pasado media hora. Descubrí que estaba reclinado sobre el hombro de Míriam, que miraba una teleserie sin importarle el tener que soportar mi peso y el calor que yo debía de darle. –Buen sueño que te has echado, ¿eh? –me recriminó–. ¡Ya veo lo que ...