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El verano, mi prima y la pasión
Fecha: 11/03/2023, Categorías: Incesto Autor: Escriba, Fuente: CuentoRelatos
... padre, como si nunca hubiera roto un plato, y no me prestaba más atención que la que es normal en una reunión de familiares. Finalmente, cuando todos dijeron que se iba ya a la cama, Míriam también se levantó y se fue para su cuarto, donde efectivamente se podía escuchar los ronquiditos de Pili. Sería luego cuando me enteraría que todos los años se ponía mala del oído por culpa del agua de la piscina, y la madre siempre le daba una medicación que la dejaba fuera de combate durante toda la noche. Pero como yo no lo sabía, tardé un rato en irme hacia el cuarto de mis primas, moviéndome con tal sigilo que bien podría haber pasado por un ladrón si alguien hubiese salido en ese momento de su dormitorio; por suerte, nadie lo hizo. Míriam me esperaba con una sorpresa: su pijama estaba en el suelo, y entre la fina sábana que la cubría podía intuirse, merced de la luz de la luna que entraba por la ventana, un cuerpo hermoso que hasta ese momento no había sido consciente de cuánto deseaba. Me acerqué a su lado y se echó a un lado para permitir que me acomodara en su cama, que era pequeña. Decidí quitarme la ropa antes de introducirme, pues de lo contrario aquello habría parecido un combate de contorsionistas. Al descubrirme su cuerpo, me quedé asombrado por su piel, que parecía una de esas figuras de mármol que en el instituto nos enseñaban los antiguos tallaban para mostrar las medidas perfectas. Sus pechos me resultaban hipnóticos, no solo por su tamaño, que efectivamente ...
... era mayor de lo que recordaba, sino por las sendas aureolas tiznadas que destacaban, cada una coronada por un pezón que parecía señalarme acusador. Aquellas hermosas esferas subían y bajaban con su respiración, y me dirigí hacia ellas sin mediar palabra, besándolos con una desesperación similar a la del condenado que sabe que no verá un nuevo día. Por su parte, Míriam también se había fijado en mi cuerpo, pues por más que me dijeran siempre que si la “maquinita”, lo cierto es que entre los partidos y los entrenamientos estoy bastante en forma. Sus manos acariciaban mi abdomen y mi pecho, y como me acabé colocando sobre ella para poder libar de sus pezones, sus caricias acabaron concentrándose en mi espalda y mis nalgas, que apretaba con la misma desesperación que a mí me azotaba. Sus piernas rodearon mis caderas, mientras que sus labios lanzaban besos si concierto alguno sobre mí, aterrizando la mayoría en mi cabeza, si bien algunos lograron distraerme de sus senos y me permitieron volver a probar aquel sabor amentolado que encerraba su boca y la deliciosa humedad en la que te untaba la caricia de su lengua. –Despacio, despacio –me di cuenta de repente que me susurraba, y es que, encendido como estaba, mi sexo la embestía sin paciencia ni estrategia alguna, fallando las más de las veces, pero a punto de introducirse en ella en los últimos intentos. Puesto que la única protección que teníamos era la de la noche, finalizamos nuestro abrazo y dedicamos unos segundos a ...