1. El verano, mi prima y la pasión


    Fecha: 11/03/2023, Categorías: Incesto Autor: Escriba, Fuente: CuentoRelatos

    ... te intereso!
    
    –¿Cómo…? –aún me hallaba muy atontado por la siesta, que siempre me sienta como un tiro, y no fui capaz de darme cuenta de que su tono parecía duro, pero iba acompañado de una sonrisa– ¡No, no! ¡No es eso!
    
    –Ya, tonto, interesarte ya se ve que te intereso.
    
    Esto último lo dijo dirigiendo su mirada hacia abajo, y no fue hasta unos segundos después que comprendí a lo que se refería: tras despertarme de la siesta, mi bañador se había visto invadido por una erección imposible de obviar. Me inundó una sensación de pudor y vergüenza, como si hubiese hecho algo muy infantil, y deseé que mi virilidad se desinflase como por arte de magia, aunque ya sabéis que esto no funciona así. De hecho, aunque hubiese podido controlar con mi pensamiento las reacciones de mi cuerpo, lo cierto es que mi mente iba a mil por hora, pues aún medio tumbado sobre ella, podía observar bien el escote de su camiseta y las perlas de sudor que caían hacia abajo, hacia el secreto oculto de unos pechos que, ahora era consciente por primera vez, habían ganado volumen desde el año anterior.
    
    –¡Lo siento! –Se me ocurrió como única respuesta posible– ¡Cuando me despierto siempre se pone así!
    
    –Ah, vaya, y yo pensando como una tonta que era culpa mía –me picó– ¿Seguro que ni siquiera es un poquito por mi culpa?
    
    –Bueno, sí… –me lancé–. Usualmente no llama tanto la atención.
    
    –¿Te duele?
    
    –No, no. Solo está dura, pero no duele – la informé.
    
    Y entonces hizo un movimiento que, pegados ...
    ... como estábamos, ocurrió en apenas un segundo: extendió su mano por encima de mi bañador, sintiendo por encima de mi sexo, a pesar del bañador, la caricia de su palma. Dejé escapar mi respiración y, sin darme cuenta, el aire se convirtió en un gemido susurrado que acarició sus oídos.
    
    Su mano se movió lentamente, con mucha delicadeza, y mi virilidad parecía pulsar exigiendo su liberación. Sus dedos carecían de experiencia, eso era evidente, y ahora acariciaban con vergonzosa delicadeza, ahora apretaban con la fijación que el borracho aferra su vaso. Ahí es cierto que noté algo de dolor, presionada como estaba mi pobre entrepierna, pero había un toque pícaro y placentero en aquello, por lo que no me molestó.
    
    – ¿Y eso? –me preguntó de repente, entre asustada y sorprendida.
    
    Al mirar, me di cuenta que tenía el bañador un poco mojado, pues de tanto frotar había acabado haciéndome soltar un poco de líquido, que pese a ser una pequeña cantidad destacaba como un charco de sangre en la escena de un crimen. Volví a sentirme azorado porque no sabía qué responder, y comprendí que las palabras tampoco tenían mucho sentido, por lo que aferré su mano y la introduje con cuidado dentro del bañador, impregnando su mano con unas pocas gotas blancas que la fascinaron.
    
    De repente, con apenas un par de segundos de tiempo, escuchamos los torpes pasos de mi abuela bajando la escalera. En condiciones normales la habríamos escuchado con mucha antelación, pero comprenderéis que no estábamos muy ...
«1234...»