1. La folla mendigos.


    Fecha: 30/03/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... indigente.
    
    Una vez que Laura se encontraba frente a la pantalla del cajero, esta empezó a tocar todos los botones desesperadamente, con la intención de que el dinero saliese lo antes posible y así poder largarse sin que ese ser se diese cuenta de su presencia.
    
    “Procesando información” leía una y otra vez Laura.
    
    -Vamos estúpida máquina, suelta ya el dinero.
    
    Cuando Laura pudo por fin cogerlo, resopló expresando así la rabia que tenía acumulada contra la máquina. Pero cuando esta tomó aire de nuevo, una olor nauseabunda se fue colando por sus fosas nasales hasta provocarle una arcada. Como era lógico, ese olor no podía provenir de otro sitio que no fuese del indigente, Laura tapándose la nariz con dos de sus dedos, fue caminando lentamente hacia la puerta, pegada a la pared.
    
    El plan en su mente era sencillo; andar de puntillas sin hacer ruido, aguantar la respiración y cuando estuviese lo suficientemente cerca de la puerta, girar de nuevo el picaporte y esta vez salir corriendo, hasta estar lo suficientemente lejos como para que esa experiencia formase parte del pasado.
    
    Laura alargó su mano para alcanzar la puerta cuando el indigente se movió, provocando así un tremendo susto en Laura.
    
    -Parece que estaba soñando, pensó esta. Cuando Laura estaba a punto de salir por la puerta, quiso dedicarle por última vez una mirada de compasión al mendigo, siendo así consciente de la suerte que tenía ella, y la mala que él tenía por ser pobre. Pero hubo algo que le llamó ...
    ... la atención, una especie de bulto parecía hacerse cada vez más visible desde la lejanía, Laura sabía perfectamente lo que era.
    
    -Me pregunto cómo será la polla de un mendigo resonaba en sus adentros.
    
    Así que echando un vistazo a la calle, y asegurándose no solo de que no hubiera moros en la costa, sino que el mendigo siguiese todavía durmiendo, esta se fue acercando poco a poco hacia él. A medida que Laura avanzaba, el bulto del pantalón crecía por momentos, aumentando así también la curiosidad de aquella niña rica, ¿Qué estaría soñando aquel mendigo?
    
    Este hombre no era nada del otro mundo. Varón de unos 40 o 50 años, pelo canoso y grasiento, de complexión delgada, vestía un jersey y un chaquetón manchados y con olor a sudor, unos pantalones de chándal con olor a meado y unas sandalias.
    
    Tal vez la mezcla de esos olores y la intensidad que estos provocaban sobre la persona de Laura, le hicieron pensar por un momento, que aquel hombre no sería tan desagradable si se duchase y peinase, hasta sería atractivo, argumentó.
    
    Cuando esta estuvo lo suficientemente cerca, se arrodilló frente aquel mendigo y con una de sus manos, empezó a acariciarle el sexo. A medida que Laura pasaba su mano por aquella polla, esta iba creciendo, hasta tal punto de estar próxima a salirse del pantalón. Las ansias por haber salido corriendo hace unos minutos de aquel lugar, se habían convertido en ganas de saber qué coño escondía ese hombre tras esa prenda de vestir.
    
    Cada vez que Laura ...
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