1. Peripecias campesinas eróticas


    Fecha: 13/04/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Estaba en una de mis ultimas etapas de la peregrinatio, y estaba libre de ataduras pues Nerón se había quedado con una pareja que lo había adoptado para sus juegos amorosos y Nelda se había quedado como hembra alfa entre la famélica legión de mastines abandonados por la Gallaecia.
    
    Estaba tranquilo y satisfecho y agotado de tanta correría, con lo cual me senté en un bello prado a comer y a dormir la siesta bajo el rumor del trio d ellos pájaros y un cercano y renqueante tractor que cada vez sonaba más cerca.
    
    Estaba en el Valhalla o el Yanna y sus hurís, cuando de repente cayó sobre mi una pestilente masa de estiércol liquido que desde el propio camino alguien estaba vertiendo a su finca sin percatarse de la situación.
    
    Cuando puede salir la chorrera de mierda porcina, ya el tractor se iba camino abajo, mientras yo patinaba por el prado lleno de mierda, como yo mismo estaba y ya no digamos mi mochila.
    
    Quitar algo de aquella porquería era misión imposible, pues la regada de órdago, y se quedó pegada a mis ropas, y a mis pertenencias.
    
    Fui bajando por el camino hasta poder llegar a pie del culpable de tanto desmán, lo cual no fue posible hasta casi una hora de pateo peregrino cargando con aquel olor, al llegar a un caserío aislado, pronto divisé el tractor del siniestro, y sin más piqué a la puerta de la casa, donde salió una buena señora de unos 45 años, muy amable y de buenas maneras, a la cual expuse la situación.
    
    La respuesta fue una llamada en voz en -: ...
    ... Manoliño ven aquí ahora mismo ¡
    
    En la puerta aparecieron por este orden una chica como más joven de unos 35 años o más , una señora muy mayor en silla de ruedas, y el Manoliño, un zagal al que ya se veía que le faltaba una cocción, los comparecientes salvo la primera se reían a moco tendido, ignorantes de las repercusiones y lo cómico de la situación de tener un negro a la puerta hediendo a estiércol porcino, ya que una densa capa se había secado sobre mí.
    
    Concluidas las explicaciones y las disculpas, las buenas mujeres se afanaron en solventar la situación, mientras Manoliño, se justificaba aduciendo que quien iba a saber que yo estaba en su prado sin permiso, y que eran percances del trabajo, y con la misma se deshizo de las responsabilidades, mientras Catalina, que fue quien me abrió la puerta hizo las presentaciones: su madre doña Juana, y su hermana Azucena que era muda, y ella misma Catalina.
    
    Me pidió disculpas nuevamente y me trajo ropas del difunto padre, que me venían más bien estrechas, sobre todo de pecho y pierna.
    
    Pronto se pusieron a trajinar sobre aquel desastre, a cuya tarea renunciaron pues no habia dios que hiciese carrera de aquellas ropas y de la mochila, por lo cual junto con Catalina hice inventario de todo lo afectado, y pronto Catalina explicó por teléfono a quien resultó su otro hermano: Fulgencio, de la situación y las necesidades.
    
    Me puse al aparato y el tal Fulgencio me dijo que no me preocupara, que como era Viernes hasta el Martes no ...
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