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Peripecias campesinas eróticas
Fecha: 13/04/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... lograron en base a pajeos a dos manos y lametadas a dúo, vaya par de buenos chupadores estaban hechos. Azucena apretaba a Bartolo por la base, se lo metía hasta las amígdalas y retorcía por el tronco su larga lengua, luego venía Manoliño, que sorbía como para sacarme las entrañas por la uretra, y apretaba los labios sobre la cabeza de la polla, haciendo un extraño molinete con la cabeza. Aún así Bartolo se resistía a ponerse tieso, y cuando me arrodillé ante el buen felpudo que me ofrecía Santa Catalina de las Aspas, algo más se movió, fui empujado por los pérfidos hermanos a chupar aquel carnoso chocho, blanquito y perlado de pelos rubios del cual sobresalía un protuberante clítoris al cual me afinqué, que fue lo que hizo que el drama erótico religioso, pidiendo la susodicha que Dios apartara de su santo cáliz aquella pérfida lengua. Cada vez que levantaba la cabeza pronto Santa Catalina levantaba el culo para que no se perdiera comba en el chupeteo del penecito, que se mostraba gallardo y chorreante, que buen clítoris tenía la Catalina. Pero cuando Bartolo tomó dimensión y consistencia, y por tanto hubo toma de la plaza sitiada, fue cuando la bruja de la madre me retorció los huevos y me lameteo el ojete buscando con uno de sus huesudos dedos la próstata. Cuanto sabía la madre. Me eché sobre Santa Catalina y sin miramientos me decían los coreógrafos que se la clavara sin compasión ni remisión, y de un pollazo se lo metiese todo, para escarnio de la seudo ...
... Santa Catalina. ¡Violala, cabrón, súcubo ¡ Por cierto, la habitación estaba decorada toda ella de dibujos de Vírgenes profanadas en todas las posiciones habidas y por personajes de lo más extraño hasta los más humanos, todo ello en un ambiente lúgubre y de cientos de velones rojos. Y allí me ví, clavándosela de un pollonazo a la buena de Catalina, que en su exaltada imaginación tan pronto renunciaba al pollón, como pedía más potencia y virgor, cuestión que además ponía la madre chupándome los huevos y la mojada base de la polla, y metiendo la mano por entre las partes para comprobar a modo de calibre la entrada de Bartolo. ¡Así Pater, tiene usted que resarcirme de tanto pecado y maldad¡ Tuve que dejar caer todo el peso sobre Santa Catalina, para pajear al unísono a ambos hermanos, los cuales me ofrecía uno su polla y la otra su chumino para que hurgara a placer en la encharcada raja que dejaba salir una caliente meada sobre su hermana. El escupitajo de esperma dentro de Santa Catalina, fue de consideración, pues sentí como me quemaba el cañoto, y como el cho de la seudosanta, se cernía sobre Bartolo. Cuando lo hice correr dentro de su chumino pringoso y morcillón la muy granuja acompañaba las emboladas pidiendo más guerra. Y los hermanos folladores gritaban al unísono ¡Preñala ¡ Creí que el polvazo se había acabado, pues nos fuimos al cabo de un rato, y allí aparecieron todos como si allí nada hubiera pasado. Tras la cena unos copazos de orujo, y pronto ...