-
El perroflauta
Fecha: 14/04/2023, Categorías: Infidelidad Autor: Berni, Fuente: CuentoRelatos
... se la metiera, y sin más preámbulos, su polla se adentró sin paradas, resbalando hasta tocar fondo. Raquel no pudo ahogar aquel primer alarido de placer y temió despertar a Susana, pero el gozo disipó sus miedos y sus manos se aferraron a las nalgas que empujaban con violentos golpes de cadera. Con cada sacudida, Raquel exhaló un gemido mitigado con el fin de no despertar a su hija y esas rastas que tanto odiaba su marido, ahora le caían por la cara, entretanto su dueño le pegaba la follada de su vida. —¿Ahora ya te gustan mis rastas? —le preguntó en plena efervescencia. —Me gusta más tu polla, —exclamó encendida, —¡Dámela toda que me corro! —Menuda zorra estás hecha. Raquel gritó de gusto cuando el clímax golpeó con contundencia su sexo. Su yerno le tapó la boca para ahogar sus gemidos, ya que, por muy profundamente que pudiera dormir Susana, el ímpetu de su madre bien podía despertarla. Raquel no tuvo tiempo de recomponerse. Su yerno estaba como un toro en celo y no dudó en darle la vuelta, le levantó el culo e inmediatamente notó como tiraba de sus caderas hacia atrás y volvió sentir el pollón martilleando en su interior con contundentes golpes de riñón. El placer regresó con renovadas fuerzas y las caderas de Raquel iniciaron unos movimientos circulares queriendo acaparar y sentir toda la verga en cada recoveco. Un sonoro cachete en su nalga derecha incrementó el morbo y otra palmada más potente lo acrecentó aún más. —¡Así! ¡Dame fuerte! ¡Fóllame! ...
... —pidió. —¿Qué ha pasado con la mamá tradicionalista? —preguntó desatado, sin parar de arremeter en su coño, pero sabiendo que tenía el control. Raquel no supo qué contestar, aunque en esos momentos le importaba bien poco su elocuencia y lo que él le dijera, mientras no dejara de embestirle. —Eres una yegua en celo. ¡Mueve tu culo, zorra! —dijo, mientras con una rasta le fustigaba la nalga como si se tratara de un látigo. Lejos de molestarle aquel lenguaje soez y ultrajante, lograba con él ponerla más caliente, y estaba en condiciones de abrazar un segundo clímax cuando un dedo se precipitó dentro de su ano para empezar a follárselo al mismo tiempo que la polla le reventaba el coño, de tal modo que Raquel tuvo que morder la almohada para sofocar sus gritos de placer, mientras otro orgasmo espoleaba su sexo con espasmos que arrastraron a su yerno a soltar su carga en su interior, entre gritos que no podía exteriorizar y que se transformaban en muecas y expresiones de placer. Carlos se quedó un breve instante recostado encima de Raquel, al mismo tiempo que ella notaba como la polla iba perdiendo rigidez, de tal modo que su coño la escupió con un sonoro plof. —¿Has gozado? —le preguntó su yerno. —Mucho, —tuvo que admitir. —¿Lo estabas deseando tanto como yo? —Desde el primer día. —¿Ahora ya te gustan mis rastas? —Sí, sobre todo cuando me fustigas con ellas. —Ese argumento no creo que convenza a tu marido. —Que se joda. Tampoco le parecerá bien ...