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El padre sabía de rectitud, la hija sabía latín
Fecha: 30/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Galicia, años 60, cuando ser maricón o lesbiana te llevaba a la cárcel. Aniceto era un guardia civil, recto, robusto, bigotudo, viudo, moreno, de ojos azules. Con su metro setenta y ocho era el hombre más alto del pueblo y el más honrado, pero era bruto, muy bruto, tan bruto era que de una hostia había dejado tuerto al Venancio, su vecino, por haberle llamado tres cuernos. Tenía una hija, Olga, gamberra cómo ella sola, que cuando se le murió la madre aún se hizo más rebelde. Aquella tarde -de uniforme y con el tricornio encima de la mesa-, Aniceto, sentado en una silla, tenía a su hija Olga sobre sus rodillas. Con su mano derecha, que era más grande que una nalga de su hija, le estaba azotando en el culo. -¡Me cago en todo lo que se menea! ¡Te voy a quitar las ganas de apedrear a la gente! ¡Fuera de mi vista que no te quiero ver delante! Olga, cuando su padre le calentaba el culo no le rechistaba. Se callaba, pero luego salía de casa y se las pagaba el primero o la primera que dijese algo que no le gustase, y ese día fue el cartero, al decirle un piropo más viejo que el hambre: -¡Tienes un culo y un cuerpo que le levanta la polla a un muerto! Olga agarró una piedra del camino y le dio una pedrada en la cabeza que casi lo deja en el sitio. El resultado fue que a sus quince años la internaron en un reformatorio, y su padre no movió una paja para que esto no ocurriera. Seis años más tarde, cuando salió del reformatorio, en vez de salir reformada salió ...
... hecha una cabrona de miedo, tan cabrona era que se dejaba querer para joder a la callada. Aniceto ni cuenta se diera que su hija ya no tenía edad para ponerla sobre sus rodillas, levantarle la falda y azotarle el culo, pero allí estaba, calentándola. -¡Me cago en todo lo que se menea! ¡Seis años en el reformatorio y en vez de enderezarte vuelves más torcida de lo que fuiste! ¡¿Por qué besaste a la hija del Pelado?! ¿No sabes que te pueden encerrar, y allí violar y hacer de ti un cristo? Olga, estaba en su salsa. -No la besé, me besaba. Nos vieron después de comerle el coño, y ya estuve en la cárcel. ¿O qué te crees que es un reformatorio? ¿Un hotel de lujo? Aniceto se quedó de piedra con la respuesta de su hija. -Eres una perdida. -No, soy una guarra. -¡Plas, plas, plas! Olga, en vez de quejarse, le dijo: -Bájame las bragas y sigue dándome, me excita que me calientes el culo. Aniceto, levantó la mano para volverle a dar, pero la bajó para ayudar a que su hija se pusiese en pie. Le preguntó: -¡¿Te calentaban el culo en el reformatorio?! Olga ya lo tenía donde quería. -En el reformatorio me hacían lo que le hacen a las mujeres en el infierno... Aprenderles a comer coños, a comer pollas... A ser guarras. Olga, tenía ahora 21 años y era preciosa. Tenía el cabello muy largo, tan largo que le llegaba a la cintura, los ojos azules y un cuerpazo, con buenas tetas, y culazo redondo... Era casi tan alta como él, Aniceto, le miró para las tetas ...