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El padre sabía de rectitud, la hija sabía latín
Fecha: 30/04/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
... y vio sus pezones de punta marcados en la camiseta blanca, lo que le decía que no llevaba sujetador. Se levantó de la silla. Olga, le preguntó: -¿A dónde vas, Aniceto? -A buscar la escopeta. ¡Tú a mí no me vuelves a avergonzar! Olga, salió de la casa cómo alma a la que persigue el diablo. Aniceto, le dijo: -¡Corre, corre que ya volverás! Al caer la noche, Olga, desde fuera de la casa, miró por la ventana y vio a su padre sentado en una silla delante de una jarra de cristal mediada de vino blanco que había encima de la mesa. Tenía la escopeta al lado. Coño, tuvo. Entró en casa, y al llegar a la cocina, le dijo a su padre: -Haz lo que tengas que hacer, Aniceto. Aniceto, levantó la cabeza, y le dijo: -Haría, haría, pero me quedé sin cartuchos. Mejor hablemos. ¿Desde cuándo te excitas al calentarte el culo? -Desde hace años. A Aniceto se le encendió la luz de alarma. -¡Hace años estabas en casa! -¿Y quién me calentaba el culo? -Debí darme cuenta... Los choques de tus tetas en mi espalda... Las miradas a mi entrepierna... Debí oler que ya te hicieras mujer -Olga, se puso el tricornio y, encarándolo, se sentó sobre las rodillas de su padre-. ¡¿Qué haces, Olga?! -Sentarme. ¿Tienes alguna pregunta guarra que hacer, Aniceto? Aniceto, se la quitó de encima. Tenía que mostrar su rectitud. -¡Te voy a meter una bofetada que vas a ver las estrellas! Olga, sabía latín. -Tócame y grito diciendo que me quieres violar. -¡Serás ...
... cabrona! Olga, se volvió a sentar sobre las rodillas de su padre y le rodeó el cuello con los brazos. -Vamos a llevarnos bien, vamos a llevarnos bien, Aniceto... Aniceto, desde luego, tienes un nombre feo de cojones. A ver. ¿No tienes alguna pregunta guarra que hacerme? -No, no tengo preguntas que hacerte. -¿Ni acerca del calzoncillo que te desapareció? Se estaban mirando a los ojos con sus bocas a pocos centímetros una de la otra. -No puede ser... Tan guarra no creo que seas. Olga le acarició el cabello. -Créeme, soy más guarra de lo que te puedas imaginar, Aniceto. Aniceto le hizo saber que no estaba el horno para bollos. -¡No me vuelvas a tocar! Olga se puso en plan coqueta. -Uy, uy que lo dejo calvo. -¡Calva te voy dejar yo a ti de un guantazo! Olga, sonriendo, le dijo: -¡No te puedes arriesgar! -Eres cómo una serpiente. Olga, lo miró con su mirada más traviesa, y le respondió: -¿Después de follar me vas a mandar de nuevo al reformatorio? -¡No vamos a follar! Y no digas eso, yo no te metí allí, tú te lo buscaste. Olga, se puso sería. -¿Hablaste con alguien para evitarlo? -¿Por eso me quieres seducir? ¿Para vengarte? -Te estoy seduciendo porque llevo casi quince días sin probar una polla y no quiero que me salgan telas de araña en el coño. -¡Qué cabrona! Allí quien tomara el mando era Olga. -¿No me ibas a hacer una pregunta? -Miedo me da preguntar. Olga, le pellizcó un moflete y le puso ...