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La ahijada seduce al padrino y a la madrina
Fecha: 01/05/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Adolfo, mi compadre, un hombre que se hiciera millonario con el contrabando de tabaco rubio, le había prometido a su hija lo que quisiera si sacaba buenas notas. La muchacha las había sacado y le pidió un viaje a Bali. Mi amigo Alfonso iba a cumplir diez años de casado y Adolfo lo sabía. Jugando una partida al dominó, le preguntó: -¿Qué le vas a regalar a tu mujer en el décimo aniversario de boda? -La llevaré a cenar a algún sitio y a ver si antes encuentro otra pareja dispuesta a al intercambio, -Eso no te sería difícil. ¿Qué te parece si la llevas a Bali? -¿Qué Bali? ¿El de Indonesia? -Sí, tu ahijada quiere ir ahí de vacaciones y mi mujer y yo no la podemos acompañar. Te pagaría los siete días de estancia y aviones de ida y vuelta. Alfonso no se lo pensó dos veces. -Cuenta conmigo. -Solo una cosa, a mi hija no la llevéis a ninguna sala de masajes. -¡No estoy tan loco cómo para llevar a mi ahijada a un sitio así! Paso a contar la historia en primera persona. Llegamos al aeropuerto de Denpasar a las 10.45. Nos estaba esperando una guía balinesa, delgada, baja, morena y muy hermosa que también era chófer y que no paró de sonreír a Anastasia, hasta por el espejo retrovisor le sonreía. Nos llevó a Canggu a un complejo hotelero con una habitación triple. O sea, con tres camas, dos juntas y una separada. Ellas deshicieron las maletas y yo me fui al bar. La chica de detrás de la barra me recomendó un Arak. Desempolvé mi inglés y tuve una ...
... pequeña charla con ella. Ya la había hecho buenas migas con la chavala cuando llegaron mi esposa y Anastasia. Anastasia llevaba puestos unos shorts vaqueros con cinturón ajustado, un top azul corto, de tirantes y unas zapatillas deportivas blancas sin calcetines y mi esposa un vestido de flores y unas sandalias. La verdad es que la vista se me iba para mi ahijada... Es que con su cabello rubio recogido, sus grandes ojos azules, sus largas y estilizadas piernas, sus pezones marcándose en el top, con sus labios y sus uñas pintadas de rosa y su sonrisa angelical, no mirarla sería un pecado. Cuando llegaron a mi lado mi esposa me preguntó: -¿Qué bebes? -Arak, una bebida hecha con arroz. Anastasia sintió curiosidad. -¿A qué sabe, padrino? -A anís. -Yo también quiero. Tomamos los tres Arak, conversamos... Volvieron a la habitación contentas y riéndose por cualquier tontería. Había que desnudarse para ir para cama. Mi esposa me dijo: -Vete al baño, Alfonso, que nos tenemos que desnudar. Fui a echar una meada. Yo en verano e invierno siempre duermo en calzoncillos, y así me metí en la cama, al lado de mi mujer y del lado de la cama de Anastasia que estaba tapada con una sábana en la que se marcaban los pezones de sus grandes y redondas tetas. Con ella allí no podía hacer nada con mi mujer, así que me eché a dormir. Una hora después, más o menos, aún no conciliaba el sueño. Mi esposa ya dormía. La habitación estaba iluminada por la luz de la luna. Miré para la ...