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Eva y su hijo Abel
Fecha: 01/05/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos
... notaba en los oídos, no sé si os ha pasado alguna vez. Unos latidos que no eran del corazón, sino de todo el cuerpo que se iba desperezando, despertando después de tanto tiempo. Aquel calor me hizo hasta sonreír, y preocuparme, porque era mi hijo el que me estaba produciendo aquel gusto, y eso no estaba bien, para algunas cosas tenía que haber un límite... Eso pensé, pero el calor que se iba apoderando de mí, con el movimiento nuevo que estaba experimentando, y los líquidos que empezaban a fluir por donde antes había desierto... Ese calor fue el culpable. Se me iba hasta aflojando el dolor de cabeza, me mejoraba la circulación... Pero, claro, eso me estaba pasando a mí, ¿estaba malinterpretando a Abel? ¿Y si a mí me ocurría todo aquello y el origen era todo mental mío, y el chico en realidad era un buen hijo sin más? Me preguntó si me sentía mejor. Qué voz tiene el chiquillo, que me sobrepasa una cabeza, qué voz más suave, me resonó en todo el interior como si me fueran dando un lengüetazo que no acababa, no sé expresarme mejor. Sí, mucho mejor, se me quebraba la voz. Erguí un poco la espalda, ahora no me molesta tanto la cabeza, es aquí donde está peor, dije señalando las sienes, porque, efectivamente, allí se había concentrado la lucha contra el fuego, me parecía. O estallaba o me desmayaba. Y entonces Abel, con dos dedos por cada lado, me tocó las sienes y me fue dando masajitos en redondo, con lo cual yo tuve que cerrar los ojos, porque si no me iba a dar ...
... cuenta de la situación que era imposible, y a lo mejor me despertaba o yo qué sé, y querían mantener ese momento de calor que me iba recorriendo y me iba despertando el deseo dormido, a la vez que me calmaba, extrañamente se iban combinando las dos sensaciones en mi cuerpo abandonado a las manos de mi hijo. Mi cuerpo soy yo, claro, así que no era otra cosa en medio, era yo con mi hijo, gozando de la sensualidad del momento. Di un paso atrás. No sabía a qué distancia estaba Abel, pero estaba cerca, y supongo que él dio un paso adelante, hasta tocarme las nalgas. Un bulto que noté me indicó qué intenciones eran las suyas, que no era un detallito con su mamá, sino que la erección era de hombre que buscaba hembra. Menuda erección, no es porque sea mi hijo. Me rocé con su pene, intentando, ahora que tenía los ojos abiertos, mirar a todos lados, menos a donde me interesaba. No me iba a dar la vuelta, que quedaría raro con el desfile pasando. Abel había dejado las manos libres, y a mí también. Seguí, aprovechando que la luz no era mucha, rozándome el culo con su polla, despacito, recuperando el sentido del tacto en aquella zona, bendiciendo el verano que me hacía llevar un pantalón ligero, y a él un pantalón corto deportivo. No me importaba nada lo que nos rodeaba, sólo quería tocarlo, así que eché las manos atrás y le toqué la polla, subiendo y bajando por toda su altura, dentro del pantalón, que estaba a reventar. Me imaginé el slip que habíamos comprado en el mercadillo, estilo ...