1. Sexo con una escort de Madrid


    Fecha: 04/05/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    Siete meses llevaba ya desde el día que dejé mi casa después de separarme de mi mujer, pero como las cosas iban mal desde hacía mucho tiempo, calculo que no follábamos desde hacía más de un año. Un tiempo que me maté a pajas, que vi por las noches a escondidas vídeos porno a mi placer. Sí como os digo, no pasé de un simple magreo con una compañera de trabajo que estaba borracha en la cena de Navidad de la empresa y una mamada rapidita que me hizo la camarera de un hotel porque le di mucha propina.
    
    Empezaba una nueva vida, esa que deseaba llevar desde hacía tiempo. Tenía que hacer cosas diferentes por mi bienestar, y cómo no, el sexo era una asignatura pendiente. Pero no un sexo rápido y frío con alguna de las cientos de chicas que se anuncian por internet. Creí que no era la solución. Necesitaba un auténtico maratón de sexo, una chica que hiciera realidad mis sueños más eróticos. Y es que mi mujer no pasaba del misionero y poco más.
    
    Ya de novios me decía que cuando tuviéramos nuestro piso tras las boda, el sexo iría a más, pero enseguida llegó mi hijita, y ahí se acabó todo.
    
    Pues si, lo reconozco, estaba hecho un lobo hambriento de sexo. De que me hicieran todas las guarrerías del mundo, de que pudiera hacerlas yo, de tener un sexo salvaje, de comerme un buen coño, de que me hicieran una cubana, de que me la chuparan sin parar hasta correrme… Ya no podía más, pero quería tener una tarde dedicada solo y exclusivamente al sexo.
    
    Fueron días de salir con los antiguos ...
    ... amigos, pero me llevaban a locales donde abundaban las putas de lujo que sólo pedían copas y que te fueras con ellas a sus apartamentos. Deducía que no era eso lo que quería, deseaba alguien con mayor compromiso, que le gustara el sexo tanto como a mi. Pero no una chica que después de correrme se fuera a la ducha, se vistiera, soltara la pasta y se acabó.
    
    Pedía mucho, lo sé…
    
    Necesitaba el sexo más salvaje
    
    Era sábado por la tarde. Toda la mañana la había dedicado a acondicionar un poco mi nuevo apartamento, así que decidí no moverme del sofá en toda la tarde y ver la tele tocándome los huevos, algo que también echaba de menos.
    
    Entre película y película, llamaba a mis amigos, todos separados como yo, pero ninguno parecía con ganas de salir por la noche a tomar una copa. Lo cierto es que sus excusas eran muy pobres, pero me olía que algo tramaban. A saber qué.
    
    Cansado ya de tanto sofá, decidí ducharme, y de paso hacerme una paja bajo el agua. No había terminado de quitarme la ropa, cuando sonó el timbre de casa, imaginé que era alguien del edificio, ya que no escuché el portero de casa. Abrí con la toalla cubriéndome de cintura para abajo, y allí estaba ella: Una preciosa chica que me dejó sin habla.
    
    Me saludó con una sonrisa, me dijo su nombre y terminó con una expresión que nunca olvidaré. “Hola, soy tu regalo; tienes unos amigos muy generosos”.
    
    Estaba claro, era una escort pero parecía una chica normal, elegante, educada, discreta, muy bien vestida y nada ...
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