1. Sexo con una escort de Madrid


    Fecha: 04/05/2023, Categorías: Confesiones Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos

    ... masturbarse. Me incliné para chuparle sus ricos pezones, le agarré el coño con dureza y noté como estaba empapada de unos flujos que no me podía resistir a chupar. Así comencé a comerme su precioso coño depilado, y en unos minutos se incorporó para agarrarme la espalda y con sus uñas recorrerla mientras no dejaba de gemir. Mis dedos habían penetrado su coño y ese fue el desencadenante para que se corriera.
    
    Una pausa para recuperar fuerzas
    
    Había sido intenso y muy placentero. Los dos nos quedamos en el suelo acariciándonos. A ella le gustaba masajearme los huevos, yo me volvía loco por esos pezones tan rosados y con esas tetas naturales tan bien puestas. Su olor me volvía loco, hasta me llevaba hasta su cuello que tampoco dejaba de besar. Después baje poco a poco acariciando su espalda hasta llegar al culo más bonito que había visto jamás. Era perfecto, con lo que no me resistí a besarlo, a agarrarlo con fuerza y a abrirlo para que mi lengua penetrara en su ojete. Ella se estremecía y me ayudaba abriéndose las nalgas con la mano.
    
    Nunca había probado el sexo anal. Mi mujer no quería saber nada de cosas raras, como ella decía, pero veía que esta era mi oportunidad de meterla de una vez por todas en el culo de una preciosa jovencita. Ella parecía que lo pedía a gritos, con lo que ni le insinué nada. Nos dejamos llevar.
    
    Una ducha erótica
    
    Ella se levantó bruscamente. Desde el suelo no podía dejar de contemplar ese cuerpazo que me iba a follar. Me sonreía y me tendía ...
    ... su mano para que me levantara.
    
    Los dos desnudos caminamos hasta el baño. Ella, sin parar de cogérmela y menearla abrió el grifo de la ducha para que el agua cogiera la temperatura perfecta para meternos los dos dentro. Y a todo esto yo no dejaba de acariciar su coño con mi mano. También la temperatura de nuestros cuerpos iba subiendo más y más. Se notaba que estaba deseosa de rabo, eso un hombre lo sabe siempre.
    
    Entramos, nos abrazamos lo más pasionalmente posible. Ella se dio la vuelta en un par de minutos, y se pegó a mi cuerpo. Postura perfecta para agarrarle las tetas de la manera que ella deseaba, muy fuerte, pensé que se las iba a destrozar, pero no, ella me llevaba con sus manos hasta ellas. Y así lo quería.
    
    Pegaba su culo con fuerza contra mi polla excitada, yo diría que nunca había estado así de bruto, sólo pensaba en meterla. Y no tardé mucho.
    
    Mi primer griego
    
    Ella se incorporó jadeando de placer. Levantó un poco una pierna para facilitarme la labor, yo antes había masajeado la zona con mis dedos y un poco de gel que ella misma se frotó en el culo. Bajo el agua, me la puso justo delante de su ano. Empujó con fuerza, con demasiada fuerza diría yo, y mi polla se coló dentro de su precioso culo.
    
    Cuando después de tres o cuatro embestidas penetró hasta el final, casi los huevos estaban dentro, y era excitante notar esa sensación. Ella ayudaba bastante, se movía, dejaba que la sacara para poder meterla de nuevo lo más profundamente posible. Sus gemidos ...