1. Mis dos princesitas


    Fecha: 15/05/2023, Categorías: Incesto Autor: tranque, Fuente: CuentoRelatos

    No sé cómo empezar el relato, primero les quiero dar un pantallazo de cómo se compone mi familia. Me llamo Alberto, tengo 47 años y estoy casado con Tatiana, de 43 años, hermosa como siempre y mi única hija Katia de 18 años. No me puedo quejar de mi matrimonio, llevamos ya 20 años de felicidad plena. A Tatiana la conocí en la universidad, ella estudiante de química y yo de física, se puede decir que hasta en eso nos complementamos. Ella se recibió y comenzó a trabajar en un laboratorio en donde en la actualidad ocupa un cargo gerencial, yo en cambio me especialice en física de partículas elementales, algo que me apasiona y que a muchos aburre, rodeado de matemáticas y pruebas en un laboratorio paso mis días laborales, complementando con clases en la facultad, Katia sigue nuestros pasos, está por entrar a la universidad también en ciencias duras. No quiero aburrirlos más con mi forma de vida por esa razón quiero ir a los hechos.
    
    Comenzaba el receso escolar por lo que estaría menos ocupado y más tiempo en casa, al igual que mi hija, ese tiempo libre me permitía dedicarlo a unos de mis hobbies, los automóviles, muy alejado del particular spin de los muones, tengo un Ford Mustang del 68, lo estoy restaurando en casa, en donde puedo estar trabajando por largas horas, bueno un término poco exacto y apropiado para un físico teórico, pero ustedes entienden. En esos días había comenzado el verano y la temperatura fue muy elevada durante toda la semana, por lo que cuando comenzaba ...
    ... a trabajar en el auto trataba de estar lo más cómodo posible, casi siempre usaba un pantalón corto de futbol, medio gastado y sucio de grasa, ese día en particular estaba trabajando con el torso desnudo, acostado sobre el piso debajo del auto. Estaba reparando la suspensión trasera y ese día me había propuesto volverla a montar, era una tarea dura pero había empezado a montarla y ya no podía dejar el trabajo por la mitad.
    
    Pude colocar en su posición una parte y ahora debía empujar para encajar un anclaje de la rueda derecha, en eso entra mi hija al garaje.
    
    -Hola Pa, ¿necesitas algo?
    
    -Hola Katia, me puedes alcanzar la llave fija del 22.
    
    -¿Qué cosa?
    
    -Está sobre la mesa, son plateadas, para sacar tuercas.
    
    -¿estas?
    
    En la posición en que me hallaba le veía las piernas y la mano que asomaba con unas pinzas
    
    -¡no eso! Son todas de metal cromado. Vamos apúrate, que pesa.
    
    Yo estaba sosteniendo parte de la suspensión suelta y comenzaba a pesarme, empujaba con las dos manos hacia arriba y cada segundo que pasaba se hacía eterno.
    
    En ese momento sucedió algo inesperado, que no pude y no podía evitar, tenía las manos ocupadas, me doy cuenta que por la pierna izquierda de mi pantalón corto empieza a salir el pene, cuanto más trato de acomodarlo con movimientos zigzagueantes de mi cintura, más asoma, en eso escucho la voz de Katia y veo su brazo con la mano extendida alcanzándome la llave fija del 22. Soporto con una mano el peso y tomo la llave fija con la otra, ...
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