1. El viejo conserje (Capítulo IV)


    Fecha: 26/05/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: drwite, Fuente: CuentoRelatos

    Las dos semanas pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Durante ellas estuve demasiado ocupada que incluso no vi a Filomeno en el día, y por las noches estaba tan cansada que no tenía fuerzas para hacer el amor. Él siempre tan comprensivo, me ayudaba con los quehaceres y la comida, pero no solamente tuve su apoyo, sino también el de Juliana y Ofelia – una cocinera de la universidad que conocí al día siguiente en que invité a los trabajadores a la boda. Ofelia es una mujer de la edad de Filomeno, parecía gruñona, pero en realidad es muy dulce. Ella es mi madrina de lazo. Tiene cuarenta y ocho años de casada y aún es feliz en su matrimonio – por eso la elegí -. Juliana es la madrina de vestido y como es costurera, ella misma lo estaba confeccionando. En un principio tuvimos una discrepancia porque yo no quería ocultar mi embarazo y ella sí. Fue una lucha de poderes que de mi parte era peleada por culpa de lo atento que era Filomeno con ella – bueno… era atento hasta con Ofelia, pero Juliana no era tan grande de edad y además era hermosa la muy… prefiero no decirlo. Al final yo gané y aquí estaba… arreglándome para mi boda – yo en la casita, y Filomeno en la enfermería.
    
    Ofelia me hizo un chongo alto tan elaborado como los que usan las princesas de los cuentos. Juliana me maquillo y por fortuna lo hizo bien – ¡lo sé!… exagero mi odio hacia ella. Una vez lista, me ayudaron a ponerme el vestido.
    
    Era sencillo, pero elegante – la tipa sabe lo que hace. Tenía un escote en forma ...
    ... de corazón que dejaba al descubierto mis hombros, y la cinta debajo de mi busto, levantó mis senos ahora más llenos. No llevaba mangas porque estábamos en primavera. De haber usado una faja, el vestido hubiera tomado la forma de un reloj de arena, pero como mi vientre creció bastante en poco tiempo, mostraba mi pancita en todo su esplendor y el resto de la falda llegaba hasta mis tobillos. Con permiso del doctor Campos, usé unas zapatillas de color perla con un tacón no muy alto. Para finalizar, Ofelia me colocó una diadema sobre el velo con lo que parecían pequeños diamantes que brillaban bellamente.
    
    - Una señora me la dio antes de entrar – la miré confundida – bueno, conozco a la señora, pero no me atreví a preguntar nada… Ella es su madre.
    
    No pude hablar. El regalo de mi madre en verdad me sorprendió, pero el dolor de saber que no quiso entregarlo en persona me indicó que seguía empecinada a no intentar comprendernos a Filomeno y a mí.
    
    - Ella no está de acuerdo con esto, ¿verdad, señorita? – preguntó Ofelia -.
    
    - ¿Cómo no va a estar de acuerdo? – dijo Juliana – ella fue quien habló con el director, además lo nombró padrino de anillos, y por eso nos dio permiso de hacer la fiesta en la escuela.
    
    - ¿Y por qué no la hicieron en la mansión de los Rivas? – debatió Ofelia.
    
    - Pues… no lo sé – Juliana habló muy bajito.
    
    - Fue porque Ofelia tiene razón – quise aclararlo, ¿para qué ocultar lo que sería obvio después? – mi madre no acepta que esté con un hombre tan ...
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