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El viejo conserje (Capítulo IV)
Fecha: 26/05/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: drwite, Fuente: CuentoRelatos
... estoy lista? Asintió e ingresó a la iglesia junto con Juliana. - ¿Y por qué van a hablarle a ese hombre? El señor Luis salió justo a tiempo. Me acerqué a él y tomé su brazo. - Le pedí al señor Luis que me entregara – hablé tranquila. - ¡Pero yo soy tu padre! – alzó la voz. - Para mí ya no eres digno de llevar ese título – dije con rencor. El señor Luis estaba petrificado por la escena, pero jalando su brazo le pedí que entráramos. Las puertas se abrieron y pude ver en el altar a Filomeno. Llevaba puesto un esmoquin color negro y aunque se veía elegante, debo reconocer que jamás sería un galán de telenovela. Su aspecto era el mismo de siempre – muchos dirían que era viejo y feo – sin embargo, también me di cuenta de que no me importaba para nada su apariencia. Lo supe porque cuando nuestras miradas se encontraron, mi cuerpo entero vibró. Cuando don Luis juntó nuestras manos, sentí una calidez recorrerme el cuerpo y estuve a punto de lanzarme a besar a Filomeno, pero el sacerdote tosió para que recuperara el sentido común. Ambos nos reímos y el sacerdote nos miró con reproche, sin embargo olvidó pronto el asunto y la ceremonia comenzó. Durante la misa mantuve mi mano unida a la de Filomeno. No fui consciente de todas las cosas que dijo el sacerdote, porque me la pasé mirando a mi futuro esposo. Me daba ternura ver su rostro brillar de felicidad y supe que tomé la decisión correcta al decirle que nos casáramos por la iglesia. Estaba tan pendiente de ...
... cada gesto y cada movimiento suyo, que el sacerdote tuvo que repetirme varias veces las cosas que debía hacer. Para cuando llegó el momento de decir nuestros votos, el pobre se puso nervioso y sus dedos temblaron al colocarme el hermoso anillo de oro – aunque el pronunciamiento de su juramento lo dijo bastante seguro. Por mi parte logré decir mi juramento de amarlo y serle fiel por el resto de mi vida con tanta convicción, que incluso pensé que todo era verdad – de serle fiel no podía dudar, pues no iba a lastimarlo como mi padre lastimó a mi madre, pero amarlo estaba lejos de mis objetivos -. Finalmente el sacerdote dijo las palabras que más esperaba oír – “puedes besar a la novia” – y de inmediato estampé mi boca a la de Filomeno. Lo besé con más pasión de lo habitual, y es que el título de esposo convirtieron a mi patito feo en un bello cisne y despertó un deseo salvaje de hacer el amor. Filomeno me alejó con suavidad cuando los murmullos y expresiones de asombro se dejaron escuchar. Un hilo de baba fue prueba suficiente de que el beso no había sido nada inocente, y en lugar de limpiarme con el pañuelo que mí ahora esposo me ofreció, lo hice con mi lengua e imité la acción con el que colgaba de su boca. Mi pobre Filomeno se puso muy rojo y abrió los ojos con terror. Los invitados y el sacerdote guardaron silencio, pero yo me limité a agradecerles su presencia dando por finalizado el incómodo momento. Filomeno no se recompuso tan rápido, así que tuve que ser quien lo ...