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Aventuras y desventuras húmedas: Primera etapa (9)
Fecha: 07/06/2023, Categorías: Incesto Autor: LilithDuran, Fuente: CuentoRelatos
... Mari no tenía reparos en estar delante de sus hijos con el sujetador, pero su moda fuera de casa, solía ser siempre más recata y… simple. A Carmen no le hacía falta ni que la mirase, estaba explosiva. Había dejado a un lado su atuendo formal y caro, por un vestido más apretado donde mucha de su piel era visible. Su escote era una delicia y bajo su vestido se veían unas piernas grandes y torneadas. Sin embargo lo que más le seguía impactando a Sergio era que aunque su tía estuviera espectacular, su madre no iba para nada desencaminaba. Su vestido aunque muy idéntico carecía de ese toque “picante” que tenía el de Carmen. Le llegaba hasta los tacones dejando una abertura por donde se podía ver una pierna estilizada. “¿Vestido, tacones, escote? ¿Esta es mi madre?”. —Bueno, Sergio, nos vamos de marcha. —Siguió mirando atónito desde el sofá— ¿No nos vas a decir nada? —insistió su tía mientras se ponía un chal y su madre una chaqueta. Sergio no podía dejar de mirarlas, estaba hipnotizado. Todos los pensamientos de su tía comenzaban a aparecer como una cascada, un rostro bello, un cuerpo perfecto… pero lo que no le dejó hablar fue ver a la mujer de al lado. Alguien a quien conocía muy bien, pero que no podía reconocer. La había visto de todas las formas, incluso en ropa interior, con ropa fea y desgastada y en ningún momento hubiera pensado lo mismo que ahora, su madre estaba igual de bella. —Estáis… —por su mente viajaron varias palabras, buenísimas, macizas… todas ...
... soeces que ellas no se merecían— preciosas. Vais a llamar la atención… os parecéis más de lo que pensaba. —Siempre nos lo han dicho, bueno por algo somos hermanas —apuntilló su madre, respondiendo a algo más que obvio. —Cuando quiere, tu hijo sabe que decir, tiene un pico de oro, te lo aseguro Mari. —dedicó una mirada cómplice a su sobrino, alentando a que le siguiera el juego— ¿Te gusta cómo está tu madre? Ha salido a relucir toda la belleza que sin parar trata de esconder. —Sí, sí, mamá, estás muy guapa —sintiendo que era buen momento, soltó una broma con tintes de realidad— cuidado con los hombres que se te van a acercar. —¡Hijo, por Dios! —Mari no pudo evitar la coloración de su rostro, ¿ligar ella? ¿A su edad? Estaba fuera de toda lógica. Aunque con una sonrisa algo boba recibió el cumplido con agrado. —¿Vienes a darnos dos besos para despedirnos o te vas a quedar ahí tirado? —comentó Carmen ante la pasividad de su sobrino. Como azuzado por un látigo, se acercó a ambas mujeres y con una calma, con la cual parecía que disfrutase, les propinó a cada una par de besos. Su madre se adelantó para mirar si el taxi ya había llegado. Cuando lo vio, desde fuera hizo gestos para decir que ya salían, de mientras Carmen miró fijamente a su sobrino. Aprovechando aquellos segundos de soledad e intimidad le dijo en voz baja como si de un secreto se tratase. —Tienes en la cocina lo que quieras por si tienes hambre. Esperemos no despertarte, vendremos algo… bebidas ...