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Autobiografía sexual (Parte 9): Clases de biología
Fecha: 08/06/2023, Categorías: Confesiones Autor: LorePadilla, Fuente: CuentoRelatos
... momento, que eran nueve, y aumenté la lista colocando los nombres de los hombres con los que tenía la intención de acostarme algún día, pero no solo me quedé con el deseo. En el transcurso de la semana, el primero en hablarme de esa lista fue mi profesor de biología de la secundaria, Lorenzo Guadarrama, pero solo me deseaba un lindo día y dejaba en visto mi respuesta. Fue hasta el viernes que, gracias a que no había trabajo y a mi impaciencia por coger, la conversación progresó y nos hicimos preguntas para conocernos. Lorenzo me dijo lo que ya sabía, que daba clases en una secundaria, aunque lo que no sabía era que ya estaba divorciado y yo le conté que estaba trabajando como asistente en un despacho jurídico. Nos pasamos el número de teléfono para platicar por Whatsapp y, de pronto, él me envió una foto de sus alumnos en clase y yo, con toda intención maliciosa, le mandé una foto mía en la oficina de mi jefe, con el busto un poco al descubierto y mi mano tapando mi cara. Era de esperarse que me preguntara porqué hice eso, pero halagó mi cuerpo y comenzó a decirme cosas sucias, lo cual me incitó a sentarme en la silla de mi jefe, llevar mis manos bajo mi falda y tocar esa parte de mi cuerpo que tenía poco más de un mes sin usar. «¡Ufff! ¡Hasta se siente más rico!» dije silenciosamente de lo excitada que estaba. Minutos después, Lorenzo me hizo saber que ya no estaba en un aula sino en su oficina y estaba solo, por lo que me preguntó si podía llamarme por teléfono y ...
... acepté. —¿No interrumpo, linda? —Para nada —hablé con un tono de voz un poco más grave para no sonar reconocible por su acaso se acordaba de mi voz—. Tenemos hasta las dos de la tarde. —Pero yo solo tengo veinte minutos. Entonces, Lorenzo me relató paso a paso todo lo que me haría si estuviéramos juntos y yo me tocaba al escuchar sus descripciones exquisitas. Entre caricias en mi clítoris e inserción de mis dedos en mi concha durante su placentero discurso, me vine en la silla de mi jefe y se lo dije a Lorenzo riéndome. Antes de acabarse los veinte minutos, él me hizo la invitación que esperaba. —¿Cuándo puedes? —preguntó espontáneamente. —Este fin de semana estoy completamente libre. —¿Te parece mañana? —Me parece excelente. —¿Dónde vives? Puedo pasar por ti. —No te preocupes, nos podemos ver en un punto neutral. —¿Conoces mi secundaria? —¡Sí, claro que la conozco! Es decir, así famosa en Tequisquiapan. —Bueno, te veo frente a la secundaria a las cinco, ¿está bien? —De acuerdo, papi. Besos. En el lugar acordado a la hora acordada, llegué vistiendo una falda de pata de gallo tipo lápiz con su respectivo saco, una blusa blanca transparente debajo, unas calcetas blancas y zapatillas negras, además de unos lentes de armazón cuadrado negros, como toda una colegiala. A los pocos minutos, la voz de Lorenzo se hizo escuchar. —¿Lorena? —¡Profesor Guadarrama! —exclamé contenta y lo abracé—. ¡Qué gusto verlo! Vaya que no ha cambiado ...