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Me dejé coger por un anciano
Fecha: 29/06/2023, Categorías: Sexo con Maduras Autor: mariacoorinave, Fuente: CuentoRelatos
... niña. Soy un hombre muy discreto. Tú lo sabes, vivo solo desde hace años y la verdad es que tú me gustas mucho, preciosa. —Solo un beso ¿Ok? Por curiosidad —le dije, sabiendo que mi invitación era irrechazable y que además me deseaba con todas sus fuerzas. Don Pedro se acercó más y con mucha sutileza buscó mi boca y me besó. Yo dejé que explorara mis labios y poco a poco fui abriendo mi boca para que nuestros labios se fusionaran y dieran lugar a un beso profundo. Luego interrumpí el momento echándome para atrás, tomando un poco de aire. —¿No te gustó? —preguntó él. —Si pero… —volví a dejar la frase inconclusa. Empezó a besarme de nuevo los labios, luego besó mis mejillas, yo cerré los ojos y él buscó mi cuello llenándolo de besos tiernos mientras yo me fui recostando completamente al sofá, él debió ponerse de pie e inclinarse hacia mí, pues aunque tenía mis ojos cerrados lo sentía bastante cerca. Me empezó a acariciar, me preguntaba si me gustaba, yo respondía que si a todo, Don Pedro iba lentamente, con cuidado de no hacer algo que acabara con el momento mágico que estaba viviendo. Empezó a despojarme del top mientras besaba mis hombros con dedicación y dulzura, no solo los besaba, también los acariciaba y me dedicaba todo tipo de halagos, con mucha paciencia y delicadeza. Besaba mis hombros, mi cuello, mis mejillas, mis labios, yo gemía sabiendo que con mi actitud le estaba abriendo la puerta al anciano, haciéndole creer que todo lo que me hacía ...
... me gustaba, que podía continuar desvistiéndome, que lo estaba haciendo todo bien. Logró bajar mi top hasta mi abdomen y mis senos pequeños y firmes le dieron la bienvenida. Los lamió encantado y totalmente incrédulo y emocionado, posó sus manos sobre ellos y los masajeó mientras los lamía, luego los besaba y chupaba. —Estoy en el cielo —decía—. Estoy en el paraíso. Fue en ese momento que logró calentarme por completo y sentí ganas de que Don Pedro me cogiera. Siguió masajeando mis senos y comiéndose mis pezones como si de frutas jugosas se tratasen. Sentí que tenía que parar aquello, no porque quería sino porque deseaba que aquel hombre me deseara más de lo que ya. Es mi forma de jugar, de seducir, sé que negarme un poquito también aviva el fuego de todo hombre y lo hace estallar cual volcán. Lo tomé de sus manos y le dije: —Ya, está bien así. No deberíamos Pero mi voz sonaba débil, orgásmica, jadeante. Don Pedro agregó: —Pero te gusta, preciosa. Déjate llevar —respondió y continuó comiéndose mis pezones. Le respondí que si, que me gustaba mucho lo que hacía. —Ahora déjame chupártela, solo eso, te la chuparé —me dijo, refiriéndose obviamente a mi vagina. Y mientras decía eso ya había posicionado sus manos en mi jean corto. Acerqué mis manos para ayudarle a quitármelo y se emocionó, apurándose a terminar de desvestirme. En cuestión de segundos quedé prácticamente desnuda frente a él que no hizo sino halagarme. —Chúpeme la cuquita, Don ...