1. Hay incestos que son inevitables


    Fecha: 09/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos

    ... tiempo.
    
    -Y si te dijera que un par de días antes de que me baje la regla me pica el coño una cosa mala.
    
    -Te diría que lo rascaras.
    
    Después de decirme lo de que le picaba el coño, pensé que no me podía sorprender más, pero estaba equivocado. Me dijo:
    
    -Te voy a hacer una confesión. Me gustas, tío Enrique, me gustas tanto que sin tenerte ya te tuve.
    
    Mi sobrina me acababa de decir que se había masturbado pensando en mí. Le seguí la corriente.
    
    -¿Un dedo?
    
    -Sí, te lo metí en el culo cuando te tuve sin tenerte.
    
    Me dio la risa.
    
    -Te pasaste tres pueblos, Sonia.
    
    Tirando una caña de cerveza rubia, me dijo:
    
    -No creas, solo te metí la mitad. ¿Te gustan mis tetas?
    
    No conocía aquella faceta suya. Le iba la socarronería, le dije:
    
    -¿Son naturales o las hinchaste con un bombín de bicicleta?
    
    -¿Te gustan o no? Lo digo por qué no parabas de mirarlas.
    
    No debí decírselo, pero se lo dije.
    
    -Son bonitas.
    
    -¿Hablamos de cenar?
    
    -Me sentiría mal.
    
    -¿Al pagar?
    
    -No, al comerlas. Oye, ¿Cuántos días faltan para que te baje la regla?
    
    -Eres más lento pensando que una tortuga caminando.
    
    -Te faltan dos días.
    
    Bebió un trago de cerveza, y me dijo:
    
    -¡Premio para el caballero!
    
    -Aunque quisiera hacerle esa putada a tu madre, tengo diez euros en el bolsillo
    
    Debía ser cierto lo de las ganas, ya que me dijo:
    
    -Te invito yo a cenar.
    
    Traté de zafarme.
    
    -¿Quién te dijo que tu tía y yo nos dimos un tiempo?
    
    Se sentó en su taburete, y ...
    ... enfadada, me dijo:
    
    -¡Vete a la mierda!
    
    -Doce euros.
    
    Me miró con cara de no entender nada.
    
    -¡¿Qué?!
    
    -Que eso deben cobrar en ese restaurante por un plato de mierda.
    
    Ahora se carcajeó.
    
    -Por eso me gustas, nunca sabe una por donde vas a salir.
    
    Otra vez me metí en vereda, pero esta vez sin querer, queriendo.
    
    -Ni por donde te entraría.
    
    -¿Lo qué?
    
    -Mi polla.
    
    -¿Eres medio maricón?
    
    -Algo de maricón tengo.
    
    Entraron tres clientes y se acabó la conversación.
    
    A las doce de la noche, antes de cerrar, cuando se fuera el jefe y quedamos solos, me preguntó:
    
    -¿Te acompañas a casa, tío?
    
    -Vas a piñón fijo.
    
    -Si quisiera ir a piñón fijo se lo pediría a Juan que tiene una bicicleta y también vive solo.
    
    -Sigue con la broma que puedes acabar llorando.
    
    Estaba en plan torera.
    
    -¿Tan grande la tienes?
    
    -¡Y dale!
    
    Salió de detrás de la barra y recogiendo las mesas vi su culo redondo marcado en su falda beige de círculo que le daba por encima de las rodillas, su cinturita, sus generosas caderas, sus piernas delgadas, y la mitad de sus tetas. Sabía que la estaba mirando y me preguntó:
    
    -¿Te gustas lo que ves, tío?
    
    Ya le di por el palo.
    
    -Estas para comerte viva y repetir cinco veces.
    
    Le echó la llave a la puerta. Vino a mi lado, me echó las manos al culo y me besó con aquella boca que todos deseaban comer y nadie podía saborear. Sentí sus duras tetas apretarse a mi cuerpo, su lengua en mi boca buscando la mía y mi polla reaccionó ...
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