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Cuando quieras, dónde quieras y cómo quieras
Fecha: 16/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Quique., Fuente: CuentoRelatos
Todo empezó durante las fiestas de san Roque de hace un par de años. La sobrina de mi mujer había venido con su madre de un país del que voy a hacer que no recuerdo el nombre. Fue verla entrar por la puerta de mi casa y ponerse mi piel de gallina. Era de estatura mediana y tenía un cuerpo que quitaba el hipo. Al presentarla su madre se acercó a mi. Olía a lavanda. Me dio un beso que rozó la comisura de mis labios y me entraron ganas de comerla viva. Equis, mientras tomábamos un café, comenzó a mirarme cuando creía que nadie más que yo la miraba. Era un juego de seducción, ya que las miradas iban acompañadas de gestos, cómo tocarse un pezón, sacar la punta de la lengua y pasarla por los labios, o chupar los dedos pringados de crema mientras comía un pastel de los que ellas habían traído. Mi esposa la debía mirar por el rabillo del ojo, dado que me echaba unas miradas que mordían. El día antes de San Roque fuera el día de la madre e hiciéramos fiesta en nuestra casa. Estaba toda la familia reunida. Hacía años que no fumaba en casa, exactamente desde que mi esposa quedara embarazada del primer hijo. Salí a fumar al patio y la sobrina de mi mujer llegó al poco de encender el Winston. Yo me había sentado en una hamaca debajo de un limonero, Equis se acercó a mí, me quitó el cigarrillo de la boca, le echó una calada, y me lo volvió a poner donde estaba. Le pregunté: -¿Quieres un pito? Equis, que llevaba puesto un vestido blanco, suelto, que le daba por encima de las ...
... rodillas y calzaba unas sandalias blancas de plataforma alta, con su coño cerca de mi boca, tan cerca que podía olerlo, me dijo: -Estoy más interesada en los puros habanos, los pitos cómo que no me llenan. -Te va lo fuerte. Me volvió a quitar el cigarrillo de los labios, le echó otra calada y lo apagó pisándolo en el suelo. -Sí, me gusta que me llene a boca. A mi no me iba a torear. Diera con un cabestro que estaba de vuelta en todo. Le dije: -¿Chupas bien? -Eso solo tienes un modo de saberlo. Lo soltara sin pestañear. Estaba segura de si misma. Sonriendo, le dije: -Cuando quieras, donde quieras y cómo quieras. -¿Quedamos mañana en algún sitio que sea de confianza. No me lo pensé. -A las nueve vete junto a las pulperas. Te estaré esperando. -No me gusta el pulpo. Salió mi esposa al patio, y me pregunto: -¿Qué le pasa al pulpo? -Le decía que el pulpo a la feria está muy bueno. -Está para ti, yo no doy un paso por él. Vamos al turrón. En una habitación de una pensión de la que no viene al caso el nombre, estaba detrás de Equis, le magreaba las tetas y besaba su cuello y respiraba su agradable aroma a lavanda. Le bajé la cremallera y le quité el vestido por la cabeza. Lo primero que hizo fue arreglar su corto cabello y yo quitarle el sujetador y coger sus grandes tetas dejando que sus gordos, duros y erectos pezones salieran entre mis dedos. Ya tenía la polla dura y Equis la sentía en su culo. Se dio la vuelta, me besó con ...