1. Eva y su hijo Abel (5)


    Fecha: 22/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos

    Pasaron unos días, en que la tensión entre nosotros se fue calmando, sin desaparecer. Nos encontrábamos por el pasillo, nos besábamos, nos acariciábamos, nos tocábamos al descuido, sin decirnos nada, sonriendo y recordando en mi caso.
    
    El siguiente fin de semana íbamos a estar solos otra vez, porque Adán visitaba el pueblo, iba a atender el huerto que tenía allí; en realidad creo que lo que quiere es no estar en casa, simplemente estar por ahí fuera. Eli había quedado con unas amigas para ir a la capital de la región, a ver tiendas. Eso decía, pero, como antes, yo dudaba.
    
    A mí me daba igual qué motivos tuvieran, lo importante era que me quedaba sola con Abel. Me duché largo tiempo, estuve frotándome e imaginándome a Abel conmigo, aproveché para inspeccionarme con los dedos, acabar con la depilación que me quedaba pendiente, y luego pintarme los labios un poco. Me acordé del perfume que me habían regalado para Reyes, y me puse unas gotitas. Me encantaba aquel aroma. Todo esto era como si fuese un día de fiesta.
    
    Al salir del baño vi que Abel estaba en el salón. Me acerqué a él, me agaché y le besé la boca; él notó mis labios pintados, les pasó la lengua, se manchó un poco, le lamí yo su lengua pintada de mí, sus labios con mi sabor, y así estuvimos un momento, mientras yo me arrodillaba en el sofá, poniéndome sobre él, sentándome en sus muslos.
    
    Yo me había puesto un vestido ligero, sin mangas, y una braguita tanga que me resaltaba los muslos, me hacía las piernas ...
    ... largas. Ya presumí de ellas en otra ocasión. Por delante me encajaba perfectamente, me hacía, creo, unas piernas y culo bien monos, y el monte de Venus estaba resaltado, todo suavecito. Todo esto, por si acaso. No sólo quería atraer a Abel, también quería sentirme sexi yo misma.
    
    Sus manos se dirigieron a mis nalgas inmediatamente, me acariciaban suavemente, con la punta de los dedos, yendo a tocar el elástico de la braga y tirando un poco para luego soltarlo y que me diera un azotito.
    
    Yo me iba moviendo sobre sus muslos, sentándome o levantándome un poco para acomodarme e irme acercando a su entrepierna, que notaba iba tensándose.
    
    Me sujetó ahora por la cintura, mientras me besaba más fuerte, y me miraba sonriente cuando se separaba, volviendo a besarme otra vez. Qué delicia estaba sintiendo invadirme el cuerpo. Se me ponían los pezones duros, se destacaban bajo la tela, y fue allí donde empezó a chuparme, a través del vestido, mojándome por fuera mientras yo me mojaba adentro. Me sujetaba suavemente con los dientes y luego, como pidiendo perdón, me lamía otra vez, o subía a mi boca, a estar besándome un largo rato.
    
    Sus manos subieron a mis pechos, llegó y apretó con los pulgares mis pezones, que respondían a su toque, a su llamada. Frotaba la humedad de su saliva contra mis pezones, no protegidos por la tela.
    
    Me susurró:
    
    —Vamos a la cama, estaremos más cómodos.
    
    Asentí con la cabeza, nos levantamos y fuimos de la mano por el pasillo. No a su habitación. A la ...
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