1. Eva y su hijo Abel (5)


    Fecha: 22/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos

    ... besaba su tenso vientre alcancé los pezones, y clavé las uñas en la piel alrededor, sólo advirtiendo de mi poder.
    
    Abel todo estaba en tensión, la electricidad de mi deseo se juntaba con la seguridad de ser la presa, y yo su cazadora. Le perseguí por la espalda con las manos que eran garras ya, mis uñas le raspaban la espalda, muy despacio, mientras le decía, acercándome a su pene:
    
    —¿Te gusta? ¿Te gusta así, Abel? Dímelo.
    
    Quedó dudando un segundo, mirándome con asombro, pero se rindió ante mis poderes recién descubiertos:
    
    —Sí, te adoro, hazme lo que quieras. Te quiero follar.
    
    —Espérame, que yo te diré cuándo. Yo mando ahora.
    
    Le di la vuelta, me senté sobre él, le rocé con las uñas nuevamente, bajando por la columna, apretando a veces con los dedos, tensa y poseída, mientras él se entregaba. Me senté sobre sus muslos y le abrí las nalgas. Deslicé el dedo por la raja, llegué al ano, que primero masajeé y luego abrí con un dedo, él volvió a quedarse tenso, expectante. Aquello fue un aviso nada más, no era lo que yo quería en ese momento. Desplegaba mis posibilidades como mis alas.
    
    —Soy tu diablesa, Abel. Te poseo para siempre.
    
    Le toqué el pene, y ...
    ... comencé a frotarlo, suavemente, duramente, almacenando y soltando las ganas que tenía de él.
    
    —Me vas a follar cuando yo te diga, Abel.
    
    —Cuando tú digas, mi ama.
    
    Otra vez boca arriba, a horcajadas sobre él, sujetándome a su pene como si lo cabalgara, le tomé las manos, elegí dedos, los lamí, me los llevé a la vagina, moví la mano de mi hijo para indicarle los lugares, le ordené apretar, que no parara, y me obedeció como buen hijo. Él me masturbaba mientras yo le lamía los pezones, con fuerza le apretaba, y luego le soltaba.
    
    Le mandé detenerse y me quedé mirando su cara. Me bajé a besarle suavemente.
    
    —Penétrame, éntrame, invádeme, fóllate a tu madre, Abel.
    
    Entró en mí porque se lo mandé y lo deseaba, como yo. Yo le esperaba sobre él, dirigí su pene y me sentaba y levantaba gozando de su pene tan erecto. Le miraba fijamente, observando sus gestos, sin callarme yo nada de lo que sentía, fóllame, sigue así, la mano, yo me iba masturbando mientras él me penetraba. Me di la vuelta para sentir más sin ver. Me corrí agarrada a sus piernas. Él se corrió unos segundos después de mí.
    
    Me estaba acariciando el culo, y abriéndome las nalgas, cuando se abrió la puerta. 
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