1. Eva y su hijo Abel (5)


    Fecha: 22/07/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel Vera, Fuente: CuentoRelatos

    ... hacia arriba, él de rodillas seguía lamiendo, chupándome el clítoris mientras yo enlazaba mis piernas alrededor de su cuello, y él se hundía en mí. Mis manos, en la cama, me sujetaban en la contorsión placentera; luego, hundiendo los codos, se me fueron a mis tetas, donde pellizcaban mis pezones.
    
    Me empezaba a mover rítmicamente, aumentando la velocidad porque el calor también subía, desde mi chocho hasta el último rincón de mi cuerpo. Mis muslos se tensaban alrededor de su cuello, y él me sujetaba y abría más la vulva, me comía todo el chocho vorazmente, se ayudaba de los dedos que entraban y salían.
    
    Me fue bajando a la cama, y, ya acostada, siguió él chupando y sorbiéndome, mientras iba explorando mi vagina con un dedo, luego dos, y comenzó un mete y saca frenético. Yo gemía de gusto, y le pedí más, más, tres, y con tres dedos en mi chocho me movía a su ritmo incansable, cada vez más hasta que me fui perdiendo en un torbellino que no conseguía detener, y con más violencia me llevaba a donde desembocar, desde su boca y sus dedos por mi chocho a mi boca que gritaba una sola vocal, todo mi nombre y mi mundo, aaahhh. Repetí el grito con cada sacudida del orgasmo, de los orgasmos que me recorrieron el cuerpo entero no sé cuántas veces. Me estuve corriendo un tiempo infinito, sujetando la cabeza de mi hijo, que seguía fuertemente dándome placer hasta que no pude más y le indiqué que parase, le supliqué, porque me sentía morir, con una muerte deseada, en la agonía del placer ...
    ... que me derretía.
    
    Estuve respirando fuerte mucho rato, mientras Abel me lamía de cintura hacia arriba, para volver a poner sus manos sobre mis caderas y quedárseme mirando. Yo le miré con el amor mezclado de madre y amante, sonriendo en el olvido que me había dado el sexo, contenta yo sola con él, abandonada a mi hijo y a sus deseos.
    
    Abel se me acercó, puso su boca al lado del oído y susurró:
    
    —¿Te gustó?
    
    Asentí con la cabeza, volviendo a sonreír con el abandono que me poseía desde que habíamos entrado en la habitación.
    
    —Sí, mi amor, me encantó. Y quiero devolverte este favor. Ven aquí, que te muerdo.
    
    Le lancé una dentellada sonriente, y vi cómo le brillaban los ojos. Eso me excitaba más. Recuperada, me dirigí a sus labios y los besé, y luego los mordí, sin obtener sangre, pero eso ya vendría luego, le dije. La misma mirada, ahora con un temor y un deseo mezclados.
    
    Le ataqué el cuello, chupando fuertemente, deslizando las manos por sus hombros, mientras le volvía a besar con fiereza, atacando y retirándome, sin darle tiempo a contestarme, dominando yo a mi hijo, contestándole como él me había respondido antes. Le olí el pecho, donde se concentraba su sangre, en su corazón. Vagamente me llegaba mi propio olor de hembra, el perfume que me había puesto, se confundían con mi respiración en su vientre, donde había llegado y me refrescaba como un animal en su pradera, mi lengua en su ombligo, donde habíamos estado unidos; subí las manos a su pecho, y mientras le ...