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Amor por la mañana, lujuria por la tarde.
Fecha: 01/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... mientras comenzaba a chuparme los dedos de los pies y a pasar su mano por mis anchos muslos abiertos. Sus ojos brillaban con pasión pura mientras me otorgaba ese tratamiento sensual tan rico. Vi su cuerpo temblar mientras avanzábamos hacia esa atracción primitiva de la sexualidad donde los tabúes son ignorados mientras el cuerpo animal y la imaginación humana se combinan para generar lujuria, lujuria, lujuria. ¡Cuanto mayor es el tabú, mayor es la lujuria! ¡Mi tabú, mi secreto, mi fantasía, mi propio hijo! Levanté mis nalgas del mostrador frio y apunté mi tesoro húmedo y caliente hacia él. "¡Te necesito, ahora, ahora!" Gemí sin saber a qué me refería exactamente, pero mi cuerpo exigía más mientras movía mis gordas nalgas hacia arriba y hacia abajo en el mostrador, hacia arriba y hacia afuera, esperando más, ¡más de lo que pudiera obtener de mi hermoso niño! Su boca se movía a lo largo de mi muslo, su lengua dejaba un rastro de saliva trazando un camino de lava hirviente hasta mis labios vaginales rodeados de mi oscuro vello. Me separé más y alcancé su cabeza para presionarlo hacia mi caldero de pasión. "¡Cómeme, cómeme, bebé!" Lloré en delirio sexual. Presioné su cabeza hacia abajo y apreté mi coño contra su cara. Su lengua trabajaba furiosamente en mi clítoris y mi labia. Parecía casi enloquecido mientras lamía y chupaba mis jugos. "¡Oh, mamá, sabes tan bien!" susurró hambriento mientras su boca hacía el amor con mi coño. Sentí una oleada de algo muy ...
... dentro de mí, de algo muy íntimo, un huracán de pasión que luchaba por salir de mí ser. "Oh mi bebe siiiiiii, oh que rico, oh ya no aguanto más", lloré. Gritaba con los dientes apretados, cualquier amor maternal reemplazado por pura lujuria en ese momento. Era una gran necesidad que ni siquiera lo que estaba en marcha fuera suficiente. Necesitaba, exigía más. ¡Más! Empujé su cara más adentro y luego apreté mi coño caliente y húmedo contra él, moviéndolo una y otra vez como si me estuviera follando su boca, su nariz, sus ojos e incluso, en un momento dado, volví su cabeza y me froté contra sus orejas y luego restregándome contra su barbilla para ver sus ojos salvajes encontrarse con los míos. Yo estaba al mando, o más bien, la loba sexual en mí estaba al mando. Lo empujé hacia una silla y me paré frente a él. Llevé su rostro empapado de mis jugos a mis pechos y no necesité urgirlo cuando comenzó a lamer y chupar. Me volvió loca. ¡Mi hijo chupando mis tetas! Era una mezcla de instinto maternal y de pura lujuria de mujer enloquecida por la sensación de tener a su hijo mamando sus pezones. "¡Te deseo!" Gemí. Él había usado la palabra antes y yo me oponía a aquello, entre un macho y su hembra no debería haber requisitos. El trataba de no usarla frecuentemente, porque al fin y al cabo sigo siendo su “señora madre ¡Pero ahora la palabra estaba en mi mente! ¡Mierda! ¡Ahora quería escucharla, usarla! La palabra, el acto, todo junto en un estofado sexual humeante que ...