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DE LA MESTRA DE TUS HIJOS EL JUEGO…
Fecha: 02/08/2023, Categorías: Confesiones Autor: niebla, Fuente: RelatosEróticos
... callada e hice como que nada hubiese ocurrido, dado que lo que menos quería era que se enardecieran. Yo desde allí me tenía que dirigir a mi casa y era bien entrada la noche. Tal vez ese fue mi error. La siguiente clase, en la otra semana, la operatoria fue igual. Cuando me estaba retirando del aula vienen unos cuantos con la excusa de preguntarme y me rodean todos y el manoseo fue más descarado. Me sentí apretujada por una decena de muchachos que apoyaban deliberadamente sus miembros sobre mí, con la excusa de que los empujaban. Como pude y sin violentar aún más la situación pude zafarme de ellos y marcharme. Para ser completamente sincera debo admitir que más allá del miedo, y luego evocando la situación me produjo cierto morbo, aunque tampoco quería que la situación se pareciera como con los de primaria y se me fuera de las manos, a veces el temor juega esas cartas. Quiera o no a partir de ese momento las clases eran más amenas y relajadas. Ya no había violencia ni malas contestaciones pero el ritual de fin de clases se repetía siempre y cada vez con más intensidad. Era como un pacto implícito: ellos me manoseaban y yo los dejaba, pero sin pactarlo en palabras. Una noche al llegar a clases veo que sobre el escritorio hay un papel doblado. Lo abro y leo: “queremos proponerle un juego. ¿Está a dispuesta a jugar?. Escriba la respuesta en este papel y déjelo en el escritorio. 4to 5ta”. Cuando levanto la vista veo que todo me miraban fijamente e hice como si ...
... nada y empecé la clase. Les di unos ejercicios y mientras los hacían volví a leer el papel, Tomé un bolígrafo y escribí: “Ok. ¿Pero a cambio de qué?”. Tenía idea que si accedía a ese juego corría un peligro evidente. Aquellos no eran chicos, a pesar de su comportamiento infantil. Eran muchachos hechos y derechos que a pesar de su inmadurez representaban un riesgo. Pero la curiosidad pudo más. Terminé la clase, vinieron a apretujarme y manosearme como de costumbre, y al retirarme veía como todos se abalanzaban sobre el escritorio a leer el papel. El juego había comenzado. Siempre me gustaron las sorpresas y tengo un espíritu lúdico, y el hecho de jugar de esa manera misteriosa con aquellos alumnos le daba un matiz especial. Indudablemente intuía por donde vendrían los pedidos y reconozco que me excitaba bastante aquello. Como era de esperar, no bien llegué a clases el papel estaba en el escritorio: “gracias por aceptar jugar con nosotros. Le proponemos a cambio que nos comportaremos de manera ejemplar y no tendrá de nosotros ninguna queja. A su vez nos comprometernos a protegerla. Como primera consigna le pedimos que escriba en la parte izquierda superior del pizarrón que color es su bombacha. Y otro pedido: a partir de ahora ya que empieza el calor queremos que venga de vestido o pollera. 4to 5ta.” Intuía que todos los ojos estaban depositados en mí. Tomé coraje, me incorporé y con una tiza escribí en el pizarrón: White. Cuando los mire noté cierta alegría ...