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Médico de cabecera
Fecha: 15/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio_Vega, Fuente: CuentoRelatos
A veces la profesión da una mano cuando menos te lo imaginás. Y ni hablar si la que te llama desesperada es la hermana de tu esposa, una hembra que siempre estuvo en mis fantasías sexuales porque cuando las conocí eran idénticas. Dos bellísimas mujeres de buen porte, tetas grandes y un culo con prohibido no mirar. Tuve la desgracia, de embarazar a mi mujer a los pocos meses de haberme casado. Eso contribuyó para que nuestros problemas de convivencia y de pareja, pasaran a un segundo plano. Teníamos que convertirnos en adultos responsables y sólo pensábamos en el "bien de nuestros hijos". El plural está bien utilizado en este caso, porque tuvimos mellizos. María nunca se recuperó de ese doble parto tempranero, se dejó estar. Al cabo de un año ya estaba muy excedida de peso y asexuada como una hoja de calcar. Siempre estaba de mal humor, ansiosa, comiendo lo que tuviera a su alcance y le molestaba cualquier sugerencia que yo le hiciera. Como cardiólogo lo primero que le recomendé fue que se hiciera controles, pero siempre lo tomaba como una crítica. Lo concreto es que dejamos de calentarnos y, primero por el tema de la cuarentena, y luego por la atención que requerían nuestros hijos, también dejamos de tener relaciones sexuales. La probabilidad de que tuviéramos mellizos era alta, porque María era también melliza y puede repetirse. Decían salteaba generaciones, pero mi mujer dio a luz a dos mellizos que hoy tienen 14 años. María y Renata, así se llama su hermana, son ...
... prácticamente idénticas. Bueno, eran. Cuando las conocí en la facultad de medicina eran un calco: dos rubias de rasgos filosos, buena cintura y una reputación envidiable según los testimonios de los estudiantes que aseguraban que juntas eran dinamita. En el bar de la universidad, las habían catalogado como a dos hembras increíblemente sensuales cuando estaban solas y absolutamente infernales cuando estaban juntas. Salimos varias veces y nos pusimos de novios. Como estudiábamos juntos decidimos convivir y así fue que, con toda mi vida por delante, a los 30 años ya estaba casado y con mellizos. Nada de lo que había planificado. Según la leyenda universitaria, María y Renata engañaban a los chicos con los que salían y los intercambiaban. Y si ambas coincidían en los gustos, no tenían dramas en entregarse juntas. Se decía también que una mamada a dúo de las mellizas, equivalía a un 10 en neuropsiquiatría o que sus escenas lésbicas, podrían provocarles una erección hasta a los finados de la morgue judicial. María siempre me negó todas esas historias. "Se las imaginan ustedes, que son todos unos pajeros", me contestó una tarde en la que le pregunté si era cierto si ella y Renata habían participado en varias "fiestitas" con futuros egresados. A pesar de que en un principio, María en la cama parecía afirmar las versiones estudiantiles, el escaso tiempo de convivencia hasta la llegada de los melli y una escasa variedad de recursos a la hora del sexo, me inclinaron a aceptar la ...