-
Médico de cabecera
Fecha: 15/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Ulpidio_Vega, Fuente: CuentoRelatos
... versión de mi mujer. De los tres, el único que se recibió de médico fui yo. María dejó los estudios cuando nacieron los mellizos y Renata un año más tarde, cuando se casó con un empresario y se recluyó en el gimnasio y la vida familiar. A pesar de todo lo que se dice acerca de las mellizas, María y Renata no parecían tener esa necesidad mutua que caracteriza a los que compartieron el vientre. Alcanza con decirles que mis hijos ya tienen 14 años y hasta que cumplieron trece, sólo nos habíamos visto en escasas ocasiones con la hermana de mi mujer. Pero todo cambió imprevistamente el año pasado, gracias a una mano que me dio la medicina. Debo decir también que de los tres la que mejor se había conservado era Renata. Siempre delgada, elegante, con unas tetas y un culo bien parados que siempre me calentaron desde la época de la facultad. Mantenía todos sus encantos y siempre se la venía jovial y contenta, aunque no mucho con su millonario marido. Soy médico cirujano y por mis resultados me he convertido casi en una eminencia cuando en lo que refiere a universo cardiovascular. Ese prestigio profesional derivó en un importante crecimiento económico y pude comprarme un departamento cerca del consultorio, para atender mis asuntos particulares. Básicamente, allí llevo mi vida de soltero, me acuesto con ocasionales amantes y disfruto de los beneficios de hacer lo que se me daba la gana sin que nadie me lo recrimine. En una operación sólo se puede saber la hora de inicio, pero ...
... nunca la de finalización. En ese contexto y con esa libertad podía moverme por el mundo sin que nadie advirtiera mi doble vida. El mes pasado recibí una llamada en mi celular. Era Renata que me pedía que fuera urgente para su casa porque su marido podría estar sufriendo un infarto. Le aconsejé que llamara a la prepaga para que enviaran una ambulancia de alta complejidad. "Para evitar cualquier inconveniente", le dije para tranquilizarla. Cuando llegué, el cuadro me sorprendió: ella estaba con un conjunto de encaje, medias negras y tacos altos. Tenía puesto un body de tul casi transparente que me permitió apreciar todos sus encantos. Tenía una diminuta tanguita metida entre las nalgas y su cola era redonda y dura, el opuesto cruel de la de María. Mientras me llevaba hasta el dormitorio, pensaba en cómo se había arruinado mi mujer y traté de concentrarme en mi trabajo para no cometer errores. Renata era la imagen de la hembra de la que yo me había enamorado y con la que me había echado los mejores polvos y eso me excitó mucho. Su marido estaba sentado en la cama, se tapaba sus genitales con una sábana, pero no llevaba nada puesto. Le pregunté los síntomas, le tomé la presión y noté una arritmia que me obligó a ordenarle la internación. Miré a Renata y le dije como para que notara que la había observado. - "Vestite así nos vamos para la clínica". Llamé a María y le conté lo que había pasado. Le dije que ni se molestara cuando se ofreció a venir porque lo iba a derivar ...