1. El inesperado reencuentro con mi tía


    Fecha: 24/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Gabriel B, Fuente: CuentoRelatos

    ... paciencia. Primero la cabeza. Vi el rostro de mi tía, que parecía algo asustada por el tamaño, pero no hizo gestos de dolor, así que hice un movimiento y se la enterré un poco más.
    
    — Es muy gorda. — dijo ella, con cierta aprensión, pero con mucha curiosidad. — dejame a mi, vos quedate recostado, no me la metas que me vas a lastimar. Yo manejo el ritmo.
    
    Se acomodó, y comenzó a hamacarse. Sus ojos se cerraron, y sus labios sonrieron. La agarré de las caderas, mientras sentía como mi tronco se frotaba con las paredes vaginales. Sus tetas estaban hinchadas y sus pezones increíblemente puntiagudos. Se los chupé, y mordí uno con mucho cuidado. Ella se estremeció y abrió los ojos.
    
    — Aprendiste algo nuevo hoy. — me susurró.
    
    Me agarró de los hombros. Yo me erguí, y nos abrazamos. Su sexo ya se estaba acostumbrando al mío, así que me permití penetrarla con movimientos cortos y fuertes. Nuestros cuerpos, cálidos y jadeantes parecían uno solo. Ella no paraba de acariciarme la espalda mientras gemía en mis ...
    ... oídos. Yo aproveché la proximidad para manosearle el culo como si la vida se me fuera en ello, mientras sentía en mi propio cuerpo sus tetas, pequeñas pero firmes, y hermosas. Me mordió la oreja y me largó su aliento cálido y húmedo. Le apreté mas fuerte las nalgas, como si las estuviese amasando. Me besó el cuello, haciéndome sentir el cosquilleo mas excitante que experimenté hasta el momento.
    
    Cogimos, como dos animalitos silenciosos durante un buen rato. Mi verga estaba firme como mástil adentro suyo. Se animó a regalarme un beso en los labios, y fue entonces cuando me di cuente de que nuestra historia no iba a terminar ahí.
    
    Eyaculé, con mi sexo adentro suyo, y ahí se quedó, aun cuando ya estaba fláccido. Quedamos abrazados, ella encima de mí, con su rostro hundido en mi cuello, en silencio, acariciando nuestros cuerpos desnudos, mientras disfrutábamos de los últimos minutos que nos quedaba. Luego la recepcionista tocó la puerta. El tiempo se había acabado. La magia había terminado. Al menos por ese día. 
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