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El premio de mamá
Fecha: 27/08/2023, Categorías: Incesto Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... sentía! Observando las tetas y el rostro arrebatado de su madre, Juan se fue excitando cada vez más, olvidando sus resquemores iniciales, y aumentando cada vez más la velocidad y la fuerza de sus acometidas. Manu, a su lado, también contemplaba entusiasmado las enormes y redondas tetas de la mujer y cómo danzaban en cada embestida. Sin poder contenerse, se puso de rodillas sobre la cama y la sobó las tetas a placer e incluso agachándose, la lamió los senos y se los mamó como si fuera un hambriento bebé en busca de leche. ¡Un enorme placer le fue llegando a Juan desde dentro y le explotó en su miembro, inundando el coño de Rosa, que chilló lujuriosa al sentirse empapada de lefa, corriéndose también! Detuvo Juan sus embestidas, gozando del polvo, y escuchó los aplausos entusiasmados de su amigo que se incorporaba de la cama: En ningún momento la mujer abrió los ojos, aunque su rostro sonriente reflejada una enorme satisfacción por el placer que sentía. Solo quería disfrutar de unos ricos orgasmos y lo estaba consiguiendo. Todavía bajo los efectos de las drogas, Juan sonrió orgulloso y Manu, deseando volver a montarla, apartó ansioso a su amigo y, poniendo un almohadón al lado de las caderas de Rosa, la volteó, colocándola bocabajo sobre el colchón con el culo en pompa. Todos los ojos se fijaron en las redondas y prietas nalgas de la mujer, sin una pizca de celulitis o mancha. Fue Manu el primero que empezó a sobarla los glúteos, era como si amasara pan, ...
... además de alternar sobes con azotes. Se incorporó también Juan con sobes y nalgadas. Cada uno se dedicaba a una de las nalgas de Rosa, compitiendo entre ellos, y haciendo que la mujer se despertara y no dejara de chillar en voz baja. Las nalgas de ella estaban cada vez más coloradas, casi de color carmesí, de tanto fustigarlas. Dejando los sobes y azotes, Manu, se colocó entre las piernas de Rosa, tomó su verga erecta con una mano y la dirigió hacia la vulva hinchada y repleta de esperma, penetrándola de nuevo. Cogiéndola por las caderas, empezó a cabalgarla, cada vez más rápido, propinándola sonoros azotes en las nalgas, como si estuviera domando a una yegua salvaje. Tanto la lúbrica cabalgada como los lascivos azotes despertaron a Rosa definitivamente de su placentera somnolencia, propiciando que chillara cada vez más alto en cada azote, y, colocándose a cuatro patas, comenzó también ella a moverse adelante y atrás, adelante y atrás, participando activamente en el polvo que la estaban echando. Crujía la cama en cada embestida del joven, chocando además con la pared una y otra vez, descascarillándola. Juan, al lado de la cama, a pesar de que acababa de correrse, estaba cada vez más excitado viendo cómo su madre se comportaba ahora como una auténtica puta experta en follar. De tan reciente que tenía el anterior polvo que había echado, esta vez tardó más en correrse Manu y, cuando lo hizo, no fue un quedo rugido como antes, sino un grito de placer, aguantando ...