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Mi primo y su amigo me follan atada por todos los orificios
Fecha: 16/12/2023, Categorías: Incesto Autor: Caprice, Fuente: CuentoRelatos
... antes quiero disfrutar su culito. Antes de encularme, Nacho me metió dos dedos en el coño desde atrás y me folló con ellos al tiempo que me comía el cuello. Yo suspiraba con la boca muy abierta y los ojitos entornados. Luego introdujo la verga entre los muslos y quedó quieto. De este modo deslicé la raja por la polla con impetuosos movimientos de pelvis. ―Ahora lo necesitarás más que nunca ―dijo antes de embadurnarse el miembro con lubricante―, porque te voy a joder el culo hasta que me canse. Me obligó a levantar nuevamente la pierna y me la clavó en el ano de un envite. Dylan me la sostuvo en el aire y penetró el coño. ―¿Te parece que nos corramos cada uno en un agujero? ―propuso Nacho a Dylan. ―Dylan no, que apenas le conozco ―protesté anticipándome a la respuesta del otro, mirándole a los ojos―. No te lo tomes a mal, Dylan, pero no me gusta que se corran dentro de mí, sin tener plena confianza. Esta tarde lo hiciste en la boca y puedes repetir. ―No te preocupes, preciosa ―respondió comprensivo cuando empezó a follarme el coño―, porque tengo en mente algo intermedio. No discutí cuál sería ese algo intermedio y preferí esperar acontecimientos. Durante unos diez minutos los dos me dieron placer al mismo tiempo, acompasados como si tuvieran experiencia haciéndolo juntos. El primero en correrse fue mi primo, inundando el recto con varias descargas tibias y abundantes. Cuando hubo terminado, el rubito me liberó las manos, me forzó a tumbarme a los pies ...
... de la cama, juntó mis muslos y volvió a penetrarme el coño. Me folló unos minutos más, la sacó y me derramó el semen por encima del ano. Luego siguió pajeándose, disfrutando los últimos resquicios de placer, mientras observaba cómo el semen fluía por la raja de la vulva, ahora cerrada, hasta pringarme la cara interna de los muslos. Yo terminé masturbándome en esta postura, metiendo la mano por debajo del vientre, unos minutos más hasta correrme por tercera vez. ―Ha merecido la pena, compañero ―dijo el australiano a mi primo―. Es más pervertida de lo que habías comentado. Los dos rieron, y yo con ellos, feliz porque este tipo de comentarios me gustan en estas situaciones. Un rato después, mientras hablábamos distendidamente sentados en los bancos de popa, planeamos cuándo podríamos repetir. Si por mi fuera, querría todas las noches, pero no llegamos a concretar porque mi trabajo nocturno era un inconveniente: tampoco era cuestión de salir a las cinco de la madrugada, navegar hasta un lugar discreto, hacerlo y regresar con el día a dormir en casa y levantarme para comer con mis padres. Nos acostamos a eso de las cuatro de la madrugada, los tres juntos en la cama conmigo en medio. Era medio día cuando desperté con una extraña sensación, como si viviera un sueño. Abrí los ojos y mi primo no estaba, sin embargo, en la postura de la cucharita, noté deslizarse algo entre mis nalgas. Giré la cabeza y ahí estaba el australiano, paseándome la verga por la raja. ―No me ...