1. Mi primo me engaña para que me folle un desconocido


    Fecha: 31/03/2024, Categorías: Incesto Autor: Caprice, Fuente: CuentoRelatos

    ... —¡Dios! —, exclamé porque los retorcía en el interior, luego los sacaba, arañando la carne con las yemas de los dedos a modo de garfio, así varias veces, repetitivamente durante unos minutos de locura. Rompió la rutina deslizando los dedos entre los labios vaginales, desde el ano al clítoris, ida y vuelta, una, otra y otra vez, antes de penetrar nuevamente, repetitivo y constante.
    
    Satisfecho con mis muestras de placer, me soltó el cabello y tiró de él. Retrocedí gateando, entendí que este era su propósito, y quedé entre sus piernas con la espalda pegada a su cuerpo. A continuación, me obligó a girar la cabeza, forzándome la barbilla, y me miró fijamente a los ojos.
    
    —Eres una jovencita preciosa. —Me regaló los oídos como preámbulo de una petición—. Quiero que te pongas en cuclillas, por favor.
    
    Afirmé con los ojos y obedecí sin saber qué pretendía. Mis dudas se disiparon cuando abrió mis muslos hasta el límite de su elasticidad, y me forzó para quedar sentada sobre los talones. Gemí varias veces mientras agitaba las yemas de los dedos en el clítoris. Sonreí, imaginando que era un músico interpretando un solo de guitarra, y temí que quisiera matarme de placer siendo yo tan joven.
    
    —Fóllame el coño con los dedos, por favor —le imploré retirando su mano para masturbarme el garbanzo yo misma.
    
    Lo hicimos juntos un ratito hasta que, retorciéndome de gusto, percibí que me venía un orgasmo.
    
    —¡Más!... ¡Más!... ¡Más deprisa, pedazo de cabrón, que voy a correrme como una ...
    ... gua-a-arra! —supliqué al llegar al clímax, agitando la cabeza y gimiendo convertida en una auténtica golfa.
    
    Mi cuerpo se relajó tras los fuegos de artificio, y vi como brotaban del coño restos de fluidos, igual que torrentes que se precipitaban en cascada contra el suelo.
    
    —Eres una mujer muy ardiente y quiero entrar en ti —me susurró al oído—. ¿Me permites que lo haga?
    
    Me dio un beso en los morros y esperó mi respuesta.
    
    —¿Cómo quieres que me ponga? —respondí jadeando—. Tengo ganas de que me jodas, pero ponte preservativo.
    
    —¿Prefieres coito vaginal o coito anal? —me preguntó en plan académico de la Real Academia de Sexología. Demasiado finolis para mi gusto.
    
    —Me da igual que me la metas en el coño o que me des por el culo —respondí convertida en una puta barata de la academia de la calle.
    
    Le ayudé a desnudarse al tiempo que nos comíamos la boca frenéticamente, luego me dio un condón y se lo puse arrodillada, después de engullir la polla unas cuantas veces.
    
    —¿Cómo quieres que me ponga? —le pregunté atropelladamente, jadeando debido a la excitación.
    
    Entendí cuando empujó mi cuerpo con el suyo, ayudándome a caer, sujetando mi cintura por la espalda con los brazos. Quedé con la cabeza apoyada en el brazo del sofá, abrí las piernas, levantando la derecha para apoyarla en su hombro, y me fue penetrando el coño lentamente.
    
    —¡Dios! —exclamé cuando la tuve en lo más profundo.
    
    Empezó a moverse, primero despacio al tiempo que me comía la boca y el cuello. ...
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