Infidelidad en Nochebuena
Fecha: 06/04/2024,
Categorías:
Infidelidad
Autor: CVerarde, Fuente: CuentoRelatos
... que has sido una mujer abyecta, y que sin pretenderlo has sido capaz de faltarle al respeto y dañar a quien no lo meritaba. Me di cuenta tan tarde de mis actos, que cuando menos acordé, lo había destruido. Y yo me había destruido con él.
Yo nunca merecí que Jorge me amara de tal manera; con tal entrega y con tal fidelidad. Yo nunca merecí que me admirara con el ardor con que lo hacía, que me ensalzara como si yo fuese una imagen religiosa que siempre le sería leal, creyéndome inocente y virtuosa, como lo había sido apenas meses atrás, antes de abrirme a mi perversión.
Hablamos nimiedades durante el trayecto y de pronto ya nos hallábamos en aquella imponente mansión.
—No estés nerviosa, Livy —me susurró mi novio cuando nos apersonamos en el vestíbulo, y su hermana nos miró desde lejos, con una sonrisa perversa, conversando con una tipeja a la que llegué odiar incluso más que a ella misma—. Raquel prometió portarse bien. Se lo hice prometer. Yo voy a cuidarte, Livy.
Asentí con la cabeza, y nos echamos andar hacia la estancia. Y cuando creí que había acogido todo el valor que se requería para poder estar en una casa llena de bestias adineradas, prepotentes y ambiciosas, le vi a él; me miró y nos miramos.
Y la connivencia que nos hacía cómplices del crimen que habíamos cometido días atrás nos envolvió en el silencio. Y Jorge me presentó ante damas y caballeros de su círculo social que, hipócritamente o no, insistían en adularme, diciéndole a mi novio lo hermosa ...
... que era y haciendo hincapié en que parecía provenir de una familia con «clase» y «dinero»… Si hubieran sabido que yo me identificaba más con los mendigos que con ellos, seguramente me habrían corrido a patadas.
Y me pregunté cómo era posible que nadie hubiera notado el deseo tan intenso con que Aníbal y yo nos saludamos; la forma tan morbosa en que él chasqueó la lengua después de besarme las mejillas, el descarado movimiento de sus manos cuando me atrajo hacia él para culminar nuestro saludo, rozando a propósito sus dedos en mis nalgas, y cómo fue que me acarició a suspiros, cómo me erotizó a susurros, y cómo me hizo el amor a miradas, mientras Jorge sonreía a mi lado y me presentaba, por enésima vez, al resto de sus conocidos.
Y yo cerré los ojos, asida del brazo de mi novio, y me estremecí por la culpa, por las mentiras, por los remordimientos… por el horror.
Nunca esperas serle infiel al amor de tu vida ni mucho menos hacerle daño por culpa de la calentura. Nunca esperas que una aventura se prolongue más allá de una equivocación; solo tropiezas, te levantas, y nunca más vuelves a transitar por la misma vereda.
Pero lo que me pasaba con Aníbal me superaba. Era como una alcohólica que todos los días se emborracha y promete «la última y ya.»
—Luces preciosa con ese vestido —me susurró Aníbal de nuevo cuando mi odiosa cuñada me robó a mi novio por algunos minutos y mi amante, viéndome sola, se acercó para saludarme una vez más, representando ante el mundo el gran ...